Entrevista con Osvaldo Torres

Cantor popular indigenista, compositor, intérprete e investigador. Ha dedicado su vida a la poesía, música y estudio de la historia, tradiciones y vida de la cultura Andina. Fue integrante de la primera formación de Illapu y activo como solista y poeta hasta el día de hoy.

En la terraza del apacible Café Barista de Puerto Varas un día miércoles, 30 de enero de 2018, conocí a Osvaldo Torres y Silvia Balducci, justo antes de que presentaran sus últimos discos “Mi Mundo Profundo” (2015) y “Buscando a Violeta” (2017) en su periplo por difundir la música y tradiciones andinas, esa vez en el “Tercer Encuentro de Arte, Diseño y Cultura” de la Fundación para la Cultura y las Artes Bosque Nativo.

¿Cuál es tu motivación para estudiar al pueblo Andino?

Tiene que ver con el proceso histórico guerra del pacifico, política de chilenización de la frontera, consolidación del movimiento obrero, que nos tocó vivir como generación (en Antofagasta) y también por las vinculaciones familiares que tuve con el mundo primogénito de nuestro espacio territorial. Una parte de la familia de mi madre viene de la Quiaca en el nor-oeste argentino, revisando viejas fotos pude ver con claridad esa mezcla quechua- aymara finalmente andina de esta parte de mi familia. Mi papá era un español de tercera generación raíz, que tenía algo bien particular: era masónico muy culto, respetuoso, leía mucho y era concertista en piano.

Vivíamos en un barrio donde convivían varias culturas: el panadero era italiano, el señor del almacén español y los que manejaban las micros eran griegos. Había una compañía de música de yugoslavos, una cofradía para bailar a la virgen de la Tirana y un lugar a donde llegaban los obreros que trabajaban en las minas salitreras, que generalmente eran peruanos y bolivianos, y todos los viernes y los sábados tocaban folclor. Entonces ellos abrían las ventanas de aquella casa y se podía escuchar y ver guitarras, charangos, bandurrias (instrumento andino descendiente del laud español), que esos obreros ejecutaban, crecí escuchando esa música peruana y boliviana.

Más tarde descubrí que tenía un tío lejano en Calama que tocaba el charango. Vengo de una familia donde tenía familiares con tres carnets: peruano, boliviano y chileno. En mi casa había tres calendarios: peruano, boliviano y chileno, y se celebraba el 6 de agosto, el 26 de julio y el 18 de septiembre porque había que respetar a todo el mundo.

Recuerdo que una vez le pregunté a mi tío porque tocaba el charango en el gallinero y él me respondió: “Por que las gallinas entienden mejor de música andina que los chilenos”. Ahí me di cuenta que mi tío no se consideraba chileno. Y que esta era una cuestión importante en la construcción de la “identidad andina” de nuestro país

Entendiendo que ya tenías mucho interés por la cultura andina desde temprana edad, ¿cómo comienza tu proceso de investigación al pueblo aymara?

Estudié en un colegio Jesuita y mis compañeros eran todos de origen yugoslavo, inglés y alemán. Para ellos yo era el cholo, el paitaco (paita en quechua significa escombro), el mono y el negro. Había mucho racismo, sentía que era un insulto cuando me decían peruano o boliviano. En esa ciudad había mucho racismo hacia las personas que teníamos tez morena. Antofagasta estaba dominada principalmente por yugoslavos y se ejercía la política de la chilenizacion de la frontera, que se aplicaba a través de la escuela.

El día que fui a Ayquina (Calama, Región de Atacama) por primera vez sentí que era mi lugar. A pesar de que les preguntaba ¿Ustedes son atacameños? No, no, somos chilenos, me decían, ¿Ustedes son aymara? No, no, me decían que esos eran los que viven sobre los tres mil metros. Entonces ¿Son quechua? No, no, ellos viven en Putre, nosotros somos todos chilenos, me decían. Andino era un concepto considerado como algo que atentaba contra la chilenidad.

Todas esas cosas me condujeron a buscar una explicación. Primero a través de la literatura: José María Argueda, Herman Hess, Cesar Vallejos, Alejandro Lipschutz (filósofo alemán chileno). Fui leyendo y cuando llegué a Aiquina, que para mí eran atacameños, en aquel tiempo no se reconocían como tal, pues la política de chilenizacion de la frontera había dejado una huella de represión y dolo muy grande en el mundo andino.

En ese tiempo hacía rock, primero con “Los Tupamaros”, hasta que mi papá me dice que tenía unos primos que cantan en cantaban en la radio cooperativa de Antofagasta. Con mis vecinos comencé a tocar quena charango y guitarra y como integrante de los Illapu solo estuve hasta el ano 1977 pues mi interés cultural estético y artístico tenia y tiene hasta ahora, otros caminos.

¿Quiénes fueron tus referentes en la música en esa época?

En ese tiempo el mundo de la música popular estaba influenciado por las practicas folklóricas de Margot Loyola, Héctor Pavez, Gabriela Pizarro y la Violeta Parra. Ellos iban, recopilaban aprendían y luego interpretaban la música. Lo mío fue distinto porque en el mundo Aymara la música es funcional. Es decir tiene una función, no es decorativa o para diversión, es de ritual, secular y es muy difícil imitarla. Por esta razón yo viví con ellos y aprendí en el seno de cultura para mas tarde poder proyectar lo propio mío, como resultado de la experiencia de practicar la música con ellos en la función especifica de la música en su mundo.

Lo que la gente hace hoy de la música Aymara en las ciudades es el imaginario que crearon Quilapayun, Intillimani, Illapu y la misma Violeta Parra tocando el “Gracias a la vida” con el charango. Pero eso no es la música Andina, la música Andina en Chile se resume a tres instrumentos: el sikus (especie de zampoña), el lichiwalyo (aerófano) y la bandola (instrumento derivado de la bandurria y la mandolina) en el mundo Aymara. La música que domina el ámbito musical andino son los aerófanos.

Lo mío fue muy diferente pues yo no recopilé, yo aprendí viviendo en el mundo aymara durante mucho tiempo y me documenté de tal manera de poder escribir desde ellos (aymaras). Viviendo con ellos sentía lo importante que era la música: Las celebraciones, ligadas a la música, las cosechas, los santos patronos de los pueblos, el pastoreo en etapas ecológicas. En todo esto la música siempre presente con algo ligado profundamente al espíritu y a su visión de mundo.

Por ejemplo la bandola se toca solo para el Carnaval y en los Floreos (cuando ponen lanas en las orejas y en las caderas de los machos para la fertilidad). Como yo tenía una mentalidad muy occidental y una educación pesada, basada en la valoración de lo americano y europea me parecía muy simple y con características en apariencia muy rudimentaria lo que me llevo a tomar lo mejor de ella cuando comprendí la profundidad espiritual y funcional que poseía, entonces desde aquí desde este aprendizaje vital comencé a proyectar la andinidad que me interesaba y por sobre todo sentía. Desde ese entonces este ha sido mi camino componer desde lo que aprendí de ellos, pero con ellos, lo aymaras del norte de Chile

¿Cómo entiendes al pueblo Aymara?

El cimiento más importante de la resistencia, primero a los Incas, luego a los españoles y hoy a los chilenos, Cuando hablan en su lengua. Desde su visión de mundo es una pueblo culto, cuya relación con la pachamama le da una ventaja enorme con respecto a lo occidental. Es una cultura milenaria que fue civilización y no imperio.

¿Cómo defines civilización?

Una civilización es una unidad de personas que se relaciona correctamente con la naturaleza, que posee una lengua, que escribe y se organiza socialmente, siendo capaces de convivir en la poli (ciudad o sociedad). Es decir vivir juntos bajo las mismas leyes. Pero fundamentalmente creo que la lengua y la visión de mundo es lo que hace a una civilización. Por ejemplo en Europa tienen visión de mundo, (buena, mala, dominante, imperial, devastadora para otros pueblos, pero la tienen). ¿Nosotros aquí aún la estamos haciendo?

¿Ser civilizado es convivir en sociedad con la naturaleza sin dañarla?

Agregaría que, por ejemplo, la capacidad del mundo Andino de generar un estado recíproco, producir para repartirlo equitativamente es algo que siempre estuvo en los aymaras y que se lo transmitieron a los incas. Pero el imperio Inca fue basta brutal y hegemonizado porque imponía además la lengua. Algunos dicen que es la evolución natural del hombre pero yo me niego a esa definición. Por ejemplo en la Guyana francesa (país al norte de Sudamérica, limita con Brasil y Surinam) hay una tribu que no quiere saber nada del mundo occidental. Los franceses preocupados, durante tres años, enviaron una delegación y solo hace un año tomaron contacto con ellos y los entrevistaron. Ellos dijeron primero “somos felices y ustedes no” y segundo “vivimos con 10 utensilios” sobreviviendo durante miles de años. Ellos solo quieren vivir tranquilos.

Además de la música eres conocido por tus cuentos, ¿qué te motivó a escribirlos?

Los cuentos son el resultado de todo lo que hemos hablado. Es decir que cuando me di cuenta que no podía interpretar la música andina porque había que tener un contexto muy especial, entonces empecé a utilizar los cuentos zoomorfos andinos sobre la moral y las costumbres del pueblo Aymara. Los empecé a utilizar como una instancia de metáfora para hablar en contra de la dictadura.

¿Por qué el Quirquincho se convirtió charango?

El quirquincho es parte de una obra que escribí para el grupo Illapu se llama “Encuentro con las raíces”. Narra la historia de un hombre que tiene que abandonar su pueblo para irse a trabajar a Iquique. El quirquincho es parte de la mitología andina es el seductor, mujeriego, lacho y culpable de que algunas mujeres queden embarazadas sin que nadie sepa por qué. En la cultura aymara un niño que se cría en la espalda de su madre, escuchando y viendo los trabajos que ella realiza en el día, también escucha estos cuentos y aprende sobre su moral y costumbres.

 

Por Constanza Hitschfled W.
Periodista

 

 

 

 

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2019-08-13T18:19:57+00:00 Categories: Galería de Arte|