Construcción eficiente como herramienta sustentable en Chile

Columna de opinión
Por Osvaldo Carvajal Rondanelli, Presidente Instituto Passivhaus Chile

Cerca de 3.500 chilenos fallecieron por enfermedades cardiopulmonares causadas por la alta exposición de contaminantes durante 2017, según el Ministerio de Medio Ambiente. Esta realidad es más dramática en las ciudades donde la principal fuente de calefacción es la leña.

Debemos entender el rol que juega la industria constructiva en mitigar el cambio climático, sobre todo si sabemos que el sector de la edificación es responsable de casi el 40% de las emisiones globales de CO2, según la ONU. Si bien en Chile se han hecho grandes esfuerzos con los Planes de Descontaminación Ambiental y la Calificación Energética de Vivienda, el aceleramiento del calentamiento global y los problemas de salud de nuestros habitantes obligan a la industria a considerar estos nuevos valores sociales.

Tal como otras industrias están avanzando, como Transportes impulsando la electro movilidad, la edificación también debe actualizarse, no podemos seguir construyendo igual que hace 30 años. La Unión Europea ha avanzado en esta línea tras los acuerdos de París, con acciones concretas que impulsan la Edificación de Consumo Energético Casi Nulo (EECN), que reduce la contaminación de las ciudades, brindando una mejor salud a sus residentes.

Para reducir los pasivos ambientales debemos aprender de las certificaciones probadas en el mundo, que apuntan a reducir al máximo el consumo energético y que permitan olvidarnos de la calefacción generada por combustibles fósiles. La tecnología ya existe, solo nos falta la voluntad de avanzar hacia una construcción más sostenible, que tenga la mirada puesta en el año 2050, donde tenemos el compromiso de llegar a ser carbono neutral.

Los inversionistas inmobiliarios más informados valoran la certificación ambiental de sus viviendas como una ventaja competitiva y prefieren asumir diferencias de precio a cambio del riesgo de obsolescencia de una construcción tradicional. Esto impulsa la oferta de los materiales certificados, democratizando así la construcción eficiente, ya que reduce los costos. También hemos comprobado, gracias a la certificación Passivhaus en Europa, que un habitante de una vivienda eficiente se transforma en un promotor de prácticas ambientales sustentables.

Pero el actor más relevante es sin duda el Estado, ya que mientras no se comprometa a que todas sus nuevas edificaciones sean de EECN, demoraremos muchos años en promover los estándares de eficiencia energética que las nuevas generaciones aspiran.

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2019-11-25T13:27:54+00:00 Categories: Columnas de Opinión|