Muerte a la TV

En los 80’s, en plena dictadura, cerca del 90 por ciento de los hogares chilenos tenía un televisor, pero solo poco más de la mitad disponía alimentos frescos gracias a un refrigerador.

Hoy más menos cada familia cuenta por lo bajo con dos televisores (por lo bajo) y con refrigeradores modernos que, al parecer no son tema, gracias al modelo de consumo que impuso la junta militar (asesorados por los Chicago boys) donde, para estar al día con lo último en electrodomésticos, basta endeudarse por cinco años (muchas veces para productos que duran tres).

Que cada hogar disponga de TV en Chile no es lo mismo en dictadura, que en este remedo de democracia que tenemos. En los 70-80 la TV uniformaba a la opinión pública. Dos canales (en algunas partes solo uno) se disputaban por la audiencia con una programación idéntica: Éxito o Festival de la Una al mediodía, La Torre 10 o Matrimonio de Papel en la tarde y las noticias a la misma hora y en el mismo orden, redundando en uniformes militares, señoras de Cema y noticias internacionales, donde abundaba el peligro comunista de la guerra fría para obviar el descalabro social y cultural chileno.

Esa realidad era tal como 1984 de Orwell, donde la censura y el control oficial abundaba y adormecía el creciente movimientos popular pre 73. Por suerte la dictadura terminó el 11 de marzo de 1991… Ok no.

El fin de la censura y el control oficial dio paso a la apertura. Ya no era solo TVN o Canal 13, era Mega, Chilevisión, La Red y un sinnúmero de pequeños canales regionales, acompañados de internet y más adelante celulares, más diarios, periódicos electrónicos, y teléfonos y televisión inteligentes… Todo tan inteligente.

De 1984 de Orwell pasamos al Mundo Feliz de Huxley, donde la Verdad se difumina en un mar de información irrelevante, ahogando lo esencial, donde democracia significa poder optar entre 20 marcas de zapatillas. Es irónico que teléfonos y televisores inteligentes sirvan solo para atontar las conciencias creyendo que a mayor número de información, más libres somos.

Desde la dictadura hasta ahora no ha cambiado nada, la TV sigue siendo el principal canal de información de los chilenos y todo el resto suma irrelevancia para una población donde el promedio de (mala) escolaridad es doce años (ojo ahí que los “inmigrantes” peruanos tienen 14 años).

¿Cómo procesar tanta información? No se puede y, claro, a río revuelto ganancia de pescadores y adivinen quienes son los dueños de nuestras fuentes informativas ¿Adivinaron? ¡Bueno, los mismos, Luksic en Canal 13, Piñera en Chilevisión (no vengan con cosas del fideicomiso que nunca fue ciego) y TVN… Ah claro! el canal público. Pero hay que ver que los directorios son políticos con pasado en directorios de empresas o relaciones familiares, o de negocios, o ambas, con… Adivinen!

Es el panorama del principal modelador de la opinión pública nacional y en eso estamos inmersos, luchando contra la realidad y la ficción mezclada con pachanga, pelotas y noticias con las que decidimos nuestro futuro desde la cuna.

Henri Sanson
El verdugo de la TV 

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2017-12-06T15:50:05+00:00 Categories: Humor|