Dichos y poemas de la membrana

Por Simon Tain

Corrientes sinceras junto a disculpas sin remitente, todos figuraban sentados y apesadumbrados, ojerosos, los comicios ya tomaban lugar frente a miles de televidentes, era claro que se trataba de algo importante.

Había pequeños venezolanos apiñados frente a un televisor colapsado de publicidad, de mentiras, de marullos. Nadie sabía cuán comprometido estaba el mismo Papa en este asunto, pero las oleadas no mentían, las corrientes traían viejos cadáveres desde Boston a Magallanes, la distancia con el ser común había transformado al clero en devoradores, está vez, de pequeños.

Los que alguna vez fueron grandes hoy caían a pedazos, revolcándose en su misma mierda, entregando nada y saboreando ese sabor rancio de cada mañana, su comida estaba rancia, sus mandatos, violados, hasta el último versículo.

Los jueces permanecen omniscientes mientras los delegados toman nota de todo lo sucedido. Más de alguna gota corre por las frentes de los campantes culpables, mientras los cargos van dejando caer su propio peso y es ahí cuando la realidad arremete y saca a relucir la verdadera batalla.

Esta escena demuestra que es nuestro deber evolucionar y dejar de pensar en las religiones como algo absoluto. Necesitamos reaccionar y darnos cuenta de que los mismos errores son, y seguirán siendo, parte de la vista gorda generalizada de todos. O lo frenamos entre todos o dejamos que siga su curso como tantos ríos, que aún así estando sucios, sus caudales se mantienen intactos y contracorriente.

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2019-08-08T09:44:06+00:00 Categories: Galería de Arte|