Una doble invisibilización, informe sobre detenidas desaparecidas

Mejor aprende a coser

Impuesta percepción

tan innecesaria que

hace que todo se vuelva

un tanto promiscuo,

que hasta tus ideales delatan

a esas muñecas infladas

que vienen listas para desvestir,

que cocinan postres de abuelas

y surcen tus palabras

para no tener que entenderlas.

Emilia.

Introducción

Abordar el tema de los detenidos desaparecidos, por lo general, es concebido como eso: un tema. Suele dejarse de lado la condición humana que refleja y ser abordado bajo premisas ideológicas que intentan mostrar o explicar unos u otros momentos del horror. Esto ha derivado en una sociedad que intenta soslayar la situación, porque abordarla, para luego entenderla, hace que cambien nuestros espacios emocionales hasta aflorar la tristeza.

Es esa misma tristeza la que se acrecienta al constatar que ya desde el discurso María Eliana Acosta, Mirta Alonso, María Inés Alvarado, María Angélica Andreoli, Diana Aron, Gabriela Arredondo, María del Carmen, Jenny Barra, María Isabel Beltrán, Jacqueline Binfa, Cecilia Bojanic, Amelia Bruhn, Carmen Bueno, Elba Burgos, María Teresa Bustillos, Sonia Bustos, Clara Canteros, Cristina Carreño, Cecilia Castro, Carmen Delard, Gloria Delard, Carmen Díaz, Muriel Dockendorff, Sara Donoso, Jacqueline Drouilly, María Teresa Eltit, Elisa Escobar, Ruth Escobar, Eliana Espinoza, Rebeca Espinoza, María Olga Flores, Nelsa Gadea, María Galindo, Susana Gómez, María Elena González, María Isabel Gutiérrez, Alicia Herrera, María Isabel Joui, María Cecilia Labrin, Gloria Lagos, Frida Laschan, Elsa Leuthner, Mónica Llanca, Violeta López, María Cristina López, María Cecilia Magnet, Eugenia Martínez, Nalvia Mena, Rosa Morales, Marta Neira, Michelle Peña, Nilda Peña, Reinalda Pereira, Matilde Pessa, Claudia Poblete, María Ramírez, Elizabeth Rekas, Julia Retamal, Sonia Ríos, Erika Riquelme, Mireya Rodríguez, Clara Rubilar, Marcela Sepúlveda, Rosa Soliz, Bárbara Uribe, Lila Valdenegro, María Edith Vásquez, Rachel Venegas, Ida Vera, Bernarda Vera, Emperatriz Villagra y Modesta Carolina Wiff se vuelven invisibles.

La invisibilidad que hasta la fecha se ha mantenido es doble: en primer lugar, aún no aparecen sus cuerpos y en segundo lugar, cada vez que se habla del “tema” no se menciona la noción de detenida desaparecidas. Ellas no están, sus restos no están, no hay tumbas para ellas; pero además, las detenidas desaparecidas no aparecen en el discurso social, comúnmente no se habla de detenidas desaparecidas y cuando se utiliza este término es para generalizar, para hablar de personas detenidas desaparecidas, no de mujeres detenidas desaparecidas; con lo que se las hace invisibles nuevamente.

1. Presentación del problema

Es común en nuestro Chile actual, caminar por el centro de Santiago y encontrarse con alguna marcha, protesta, concentración. Éstas pueden tener diversos motivos, orígenes y objetivos. Una de las manifestaciones que podemos observar son las relacionadas con los Derechos Humanos y más precisamente, con los detenidos desaparecidos y las detenidas desaparecidas.

Las imágenes que guardamos de estas expresiones pueden parecerse mucho a éstas:

En estas fotos vemos a familiares de detenidos desaparecidos y detenidas desaparecidas. Es posible darse cuenta que, en su mayoría, son mujeres las que participan y son ellas quienes llevan la foto de su familiar en el pecho. Esta foto se ubica en el medio del corazón y es en blanco y negro. ¿Casualidad? No, el que estén ubicadas allí nos muestra este corazón en su dimensión simbólica, no sólo como el músculo que bombea, sino ese corazón que guarda los sentimientos, los afectos, lo privado (la pena, el dolor, la incertidumbre, el quiebre, la esperanza-desesperanza) que se hace público a través de la foto.

El hecho que las fotografías se presenten en blanco y negro puede deberse a consideraciones prácticas, pero muestra la ausencia del color (que puede llevar a distintas interpretaciones) y da la idea del paso del tiempo. Son rostros que hay que traer al presente, que hay que mostrarle al presente.

Esta investigación parte de estos lugares e imágenes comunes, del observar la presencia-ausencia de lo masculino y lo femenino. El juego de estos mundos se presentan al menos en tres aspectos: los/las buscados/as, los/las que buscan y dónde buscan. Los buscados son en su mayoría hombres (y las mujeres buscadas son poco visibles); las que buscan son en gran parte mujeres (que buscan tanto a hombres como a mujeres); y la búsqueda se lleva a cabo en las calles, espacio público comúnmente reservado para los hombres.

Con lo anterior, nos damos cuenta que las mujeres detenidas desaparecidas no aparecen. A esto se debe que nuestra pregunta de investigación sea: ¿qué factores han influido en la invisibilización de las detenidas desaparecidas en Chile?

Hay dos razones principales para hacernos esta pregunta: nos interesa y preocupa lo propio a los Derechos Humanos. Creemos y sentimos que es una reflexión pendiente, que se ha llevado a cabo en forma incompleta; denunciamos que es un tema que se quiere sellar sin antes haberlo resuelto del todo, poniendo las consideraciones político-ideológicas por sobre “las humanas”. Por otro lado, consideramos posible hacer un aporte considerando el tiempo disponible y la accesibilidad de las fuentes.

¿Para qué esta investigación? Pues para poner la foto de las detenidas desaparecidas en un cartón más vistoso, para que se note más el contraste. Buscamos hacer evidente el doble desaparecimiento de las 72 detenidas desaparecidas. Aquí, la respuesta a la conocida pregunta de la AFDD: ¿Dónde están? toma un matiz diferente, es posible preguntarse dónde están los cuerpos de las mujeres muertas, pero también es posible preguntarse a qué se debe que estas 72 mujeres se pierdan en el discurso.

  1. Objetivos

Objetivo General:

  1. Identificar los factores que han influido en la invisibilización de las detenidas desaparecidas en Chile.

Objetivos Específicos:

  1. Conocer si el término detenidas desaparecidas no aparece en el discurso sólo por costumbres lingüísticas o si tiene implicancias más profundas.

  1. Identificar quiénes buscan a las detenidas desaparecidas.

  1. Identificar las continuidades y los cambios en la concepción de detenidas desaparecidas en el discurso social.

  1. Metodología

Para esta investigación recopilamos y analizamos la documentación en torno a fuentes primarias y secundarias relacionadas con las detenidas desaparecidas y la teoría de género.

Para la construcción de datos (que se hayan en 5 tablas) utilizamos el Listado oficial de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de Chile (AFDD), revisado en octubre de 2005, y lo contrastamos con el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación.

Por último, para poder realizar entrevistas, nos dirigimos a la AFDD, en donde nos entregaron cinco números de teléfono de familiares de detenidas desaparecidas. La elección se basó en la factibilidad de realizar las entrevistas ya que las familias restantes viven actualmente en el extranjero o visitan periódicamente Chile.

Con los cinco teléfonos en mano, sólo contactamos a tres personas. No obstante, pudimos llevar a cabo tan sólo dos entrevistas. La primera persona entrevistada fue el esposo de Mónica Llanca desaparecida a fines de 1974, Manuel Maturana, quien nos recibió en su casa el sábado 22 de octubre del presente año. La segunda entrevistada fue hecha a Ana González, esposa de Manuel Recabarren, madre de Luis y Manuel Recabarren González y suegra de Nalvia Mena, detenida con tres meses de embarazo en 1976 junto a su marido Luis. Ella nos recibió en su casa el miércoles 7 de diciembre. Por último, la tercera entrevista programada no pudo llevarse a cabo antes de la entrega de este trabajo, puesto que Max Santelices, esposo de Reinalda Pereira Plaza, no se encontraba en condiciones de salud para poder realizarla antes del 21 de diciembre.

I. Represión Política y Género(1).

1. Contexto histórico

El 11 de septiembre de 1973 fue derrocado el gobierno constitucional del Presidente Salvador Allende por un golpe de Estado, llevado a cabo por una Junta Militar formada por el Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea y los Carabineros de Chile. Ésta era encabezada por el General Augusto Pinochet Ugarte, Comandante en Jefe del Ejército, quien luego asume la dirección del país.

La represión(2) y la persecución militar contra los partidos políticos de izquierda, las organizaciones sindicales y populares comenzó de inmediato, reflejándose en medidas represivas que derivaron en la negación de los derechos civiles y políticos, los cuales tenían por fin consolidar el golpe de Estado y legitimar el poder de la Junta. Además de la adopción de medidas represivas, se decretó el Estado de sitio y el Estado de guerra interna (Rojas, 1996; Rojas, 1988; Padilla, 1995).

El Estado de sitio es la base mediante la cual se sostiene la idea de la existencia de un/a enemigo/a interno/a, es decir, el enemigo/a ya no se encuentra en otro país, sino dentro de las fronteras, es un/a conciudadano/a, un/a compatriota. En tanto, el Estado de guerra interna se sustenta en la aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional, la cual establece la existencia de un/a enemigo/a al que “hay que neutralizar, destruir, eliminar, matar y si es necesario hacer desaparecer para siempre” (Rojas, 1996: 6). Esto último institucionalizado tanto en el artículo 8, como en el 24 transitorio de la Constitución Política de 1980; artículos que fueron derogados al volver la democracia.

Los militares chilenos fueron enseñados y adiestrados bajo esta Doctrina, es así como internalizaron la necesidad de deshumanizar al/la enemigo/a y que su función era la de “salvadores de la patria” (Rojas, 1996: 7). Así se configura la mentalidad de los ejércitos latinoamericanos, y del chileno en particular; todos los cuales incluyeron (al menos en Chile, Argentina y Uruguay) represión política de género.

1.1 Perspectiva de género de los represores.

Antes de desarrollar la perspectiva de género de los represores es necesario explicitar la construcción de género existente en Latinoamérica antes de las Dictaduras.

La cultura latinoamericana, en el ámbito de la cosmovisión, privilegió la imagen y el culto a la Virgen Madre (Marianismo o Mariología), imitando el modelo perfecto del catolicismo imperante, el cual impuso el ideal de crianza/maternidad y castidad para modelar el rol de las mujeres (Montecino, 1991; Bunster, 1991: 43 y 44; Lamas, 2002), el cual, tiene como contrapunto la imagen de María Magdalena, pecadora pública, prostituta. Es así como se configura el esquema global madona/prostituta.

El Marianismo señala que las mujeres, para alcanzar el ideal de madre, deben ser moralmente superiores y espiritualmente más fuertes que los hombres. Además deben ser puras sexualmente y opuestas a la promiscuidad, sumisas y comprensivas de las debilidades y caprichos de sus padres, esposos e hijos y aún fuertes detrás de esa sumisión, sacrificando incluso sus propios deseos para agradar a su familia. Estos atributos constituyen los cimientos sobre los cuales se construye la autopercepción y autoestima de la mujer latinoamericana (Bunster, 1991:49).

De igual forma, la cultura latinoamericana ha elaborado una construcción simbólica de lo masculino, que aparece por sobre lo femenino y da origen a lo que se conoce como patriarcado universal, en donde los hombres gozan de privilegios especiales dentro de la sociedad y la familia. Gracias a esta concepción de lo masculino, los hombres han asumido un status de superioridad respecto de las mujeres, generando relaciones de dominación-subordinación en las que el poder está en manos de la figura masculina. Este culto a la virilidad es conocido como Machismo.

Sólo ahora es posible desarrollar la perspectiva de género de los represores. El Estado militar se percibe a sí mismo como uno creado para perpetuar y extender los valores de las Fuerzas Armadas, entre los cuales se encuentra la masculinidad, el poder y la autoridad pública (Bunster, 1991:45). Una de las misiones de los represores es defender la estructura patriarcal y el estatus privilegiado de la “masculinidad” para restaurar el orden dominio-sumisión de la masculino sobre lo femenino. El militarismo como ideología sostiene que las mujeres constituyen una seria y temible amenaza al orden público y natural(4).

Este paradigma se sustenta en dos de los principales componentes de la cosmovisión occidental: el etnocentrismo y el androcentrismo. El primero se refiere a una comprensión de las otras culturas desde la propia, afirmando la existencia de valores universales. Así, los etnocéntricos hacen leer las diferencias entre hombres y mujeres dentro de un sistema jerárquico (fuerte-débil, público-privado, racional-emocional, etc.). Por otro lado, los prejuicios androcéntricos hacen suponer que en todas las sociedades las mujeres están subordinadas (Scott, 1986; Montecino, 1997; Lamas, 1996).

La represión política en Chile incluyó una perspectiva de género: si las mujeres son las que mantienen unidas a las familias y a la comunidad (producen y reproducen el capital simbólico, en palabras de Bourdieu), entonces se ejerce violencia sobre ellas para destruir los lazos de socialización y cultura de quienes sustentan el orden social. Así se impacta en mayor escala al enemigo (Jelin, 1998; Olavarría, 2003).

Desde la concepción de los represores, la mujer constituía un potencial de freno a la movilización por el temor de perder o ver sufrir a los suyos. A esto se debe la creación de políticas específicas orientadas a recordarles cuál era su lugar en la sociedad y apoyar su rol central como guardianas del orden social y familiar. Sin embargo, no fueron lo suficientemente suspicaces para notar que las mujeres en las que estaban pensando no se autopercibían sólo, en palabras de Ana González, “pa’ la casa, pa’ criar los niños y pa’ cantar la canción nacional”.

 

2. Detención-Desaparición.

La represión política se materializó en diversas prácticas, sin embargo, nuestra investigación se focalizará sólo en la desaparición forzada de personas o detención-desaparición.

Las personas víctimas de la desaparición forzada fueron conocidas en Latinoamérica como “detenidos desaparecidos”, término que vino a sustituir a “detenidos no reconocidos”(5), cuando se hizo evidente que los detenidos y las detenidas no estaban realmente en prisión.

La desaparición forzada es aquella detención realizada por agentes del Estado o con el beneplácito de éste, sin orden de autoridad competente y con la inexistencia de información sobre el destino o paradero del detenido/a (ONU, 1998).

Para estar en presencia de una desaparición forzada deben presentarse varios hechos: debe haber una detención arbitraria llevada a cabo por agentes del Estado donde el motivo real sea la persecución política (y no la prevención de delitos); el confinamiento de la víctima debe ser negado deliberadamente por las autoridades; y el destino último debe ser la ejecución y el ocultamiento de su cadáver (Padilla, 1995). Sin importar el método utilizado, el objetivo final es evitar que se encuentren las osamentas, o en el caso de ser halladas, sea imposible identificarlas. Este aspecto distingue a la desaparición forzada de personas de otra forma de represión: la ejecución política.

En tanto no se pueda determinar el paradero de la víctima o las circunstancias de su fallecimiento, debe considerárselo como un “detenido/a desaparecido/a”, aún cuando pueda presumirse su muerte por el transcurso del tiempo y por la similitud con casos similares en el mismo país.

La expresión “detenidos desaparecidos” se institucionalizó en 1975, año en que se creó formalmente la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), organización formada por quienes entendieron que sus familiares no aparecerían, tal como relata Ana González (madre, esposa, suegra y abuela de detenidos desaparecidos y detenida desaparecida):

…el año ´76 llegamos un gran número(…) y pasamos a ser(…) como una transición. (Antes) podían aparecer, ¿me entiendes?, entonces no podíamos entrar ahí a la calidad de familiares de detenidos desaparecidos. Entonces, cuando ya se vio que no iban a aparecer, pasamos (…) a formar parte (de la Agrupación)…”

Hoy, el total de detenidos desaparecidos y detenidas desaparecidas en Chile es de 1.018, ya que han sido encontrados los restos de 179 hombres, tal como lo indica la tabla 1.

Cifra oficial de detenidos(as) desaparecidos(as)

1.197

100%

Número de detenidos desaparecidos encontrados

179

14,95%

Detenidos(as) desaparecidos(as) hasta la fecha

1.018

85,05%

Fuente: En base a lista oficial de la AFDD. TABLA 1.

Con lo anterior se hace evidente la profesionalización y especialización de las prácticas represivas (que estaban a cargo de la Dirección de Inteligencia Nacional –DINA– desde su creación el 18 de junio de 1974; y luego de la CNI), ya que se constata que la mayoría de los restos que han sido encontrados son de personas que fueron capturadas antes de 1975.

3. Las detenidas desaparecidas en Chile.

El término “detenidos desaparecidos” es utilizado para generalizar, incluyendo y homogeneizando a hombres y mujeres; pero también es usado para hacer exclusiva alusión a los hombres detenidos desaparecidos, dejando de lado a las mujeres detenidas desaparecidas.

Las detenidas desaparecidas son mujeres aprehendidas y privadas de libertad por agentes del Estado sin observar el procedimiento legalmente establecido(6), de las cuales se oculta el paradero y se niega la privación de libertad, o en caso de aceptarse, se dice que es un arresto preventivo, pero éste nunca concluye. Por tanto no prescribe al ser considerado “crimen de lesa humanidad” (ONU, 1998). Durante el arresto se les somete, generalmente, a malos tratos, torturas y otra serie de abusos para conseguir cierta información, la cual es utilizada para seguir combatiendo al/la enemigo/a interno/a (Rojas, 1996).

Cabe señalar que en Dictadura hubo una política de género expresada en la represión a las mujeres con el objeto de destruir con mayor facilidad las redes sociales y familiares que subsisten y trascienden gracias a ellas (Olavarría, 2003). El total de mujeres detenidas desaparecidas asciende a 72, lo que corresponde a un 7,97% del total, como puede verse en la tabla 2.

Total a la fecha

1.018

100%

Detenidos desaparecidos

946

92,93%

Detenidas desaparecidas

72

7,07%

Fuente: En base a lista oficial de la AFDD. TABLA 2.

Las detenidas desaparecidas pueden categorizarse en dos grupos desde la perspectiva de los represores (aún cuando existen otras categorías posibles): uno formado por aquellas mujeres militantes, activas políticamente, quienes pasan a ser el enemigo y son capturadas a modo de lección; y otro integrado por “las mujeres de”, aquellas sin militancia que obtienen su identidad de la relación con un hombre. Estas mujeres son escogidas por el activismo de un esposo, amante, hijo, padre o hermano. Son percibidas como la extensión o propiedad del hombre, del enemigo interno. (Bunster, 1991:47; Olavarría, 2003:3). Es importante destacar que éstas diferencias existen sólo desde la perspectiva de los represores, no desde la de los reprimidos.

El primer grupo de mujeres es el más numeroso, ya que está compuesto por un 88,94% del total; y el segundo, por un 13,8% (tabla 3). Cabe señalar que más de la mitad (52,24%) de las mujeres que militaban lo hacían en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR.

Por otro lado, aún cuando puedan establecerse otras categorías, como ya fue dicho, esta categorización tiene una correlación casi total con los datos disponibles. Salvo aquellos tres casos en los cuales no se obtiene el dato preciso.

Militantes

59

81,94%

Sin militancia

10

13,8%

Sin dato

3

4,16%

Total detenidas desaparecidas

72

100%

Fuente: En base a lista oficial de la AFDD. TABLA 3.

Con los datos ya entregados podríamos establecer que un factor de invisibilización es que el número de detenidas desaparecidas es menor que el de detenidos desaparecidos (hombres), lo cual podría respaldarse argumentando que en la mentalidad occidental prima lo cuantitativo por sobre lo cualitativo(7).

No obstante, esta es una afirmación precipitada y algo burda ya que las cifras no dan cuenta del orden simbólico (Ortí, 1999: 87). Lo anterior desde una mirada metodológica, mas estamos hablando de personas y debemos considerar lo terrible y desestructurante que puede ser para una familia no encontrar a su ser querido, además de las implicancias que esto tiene en la sociedad. Una forma de aproximarnos al orden simbólico es conocer y analizar el discurso social, lo que haremos en el próximo punto.

4. Inexistencia en el discurso social: las detenidas desaparecidas no aparecen nuevamente.

Retomando la pregunta de investigación y teniendo claro que el número de detenidas desaparecidas no es un factor de invisibilización que consideremos válido es necesario imbuirnos en el discurso social para encontrar otras posibles respuestas.

La realidad objetiva se construye socialmente, cuando las personas se comunican y poner en común sus mundos internos, sus subjetividades. Dicho de otra forma, el discurso social es aquél que le es común a un determinado grupo de personas y es construido a través del lenguaje. (Berger y Luckman, 1994). Entonces, si algo no está dicho, simplemente no pertenece a la realidad, no existe y esta no-existencia se debe única y exclusivamente, a la no-construcción hecha por la sociedad.

El “término detenidas desaparecidas” no está en el discurso habitual de las personas; las detenidas desaparecidas no aparecen en el discurso social, luego, no existen. El hecho de que la Agrupación que se encarga de buscarlas (y que se ha convertido en la “conciencia moral de la nación”, como dice Brinkmann) no las incluya en su nombre institucional ya es una no-construcción, una negación. Eso desde la visión actual, del 2005, porque según Ana González:

…¿qué otro nombre le íbamos a poner?, si venimos con ese lastre de lo masculino por sobre lo femenino. Nos han enseñado desde la escuela eso. Así se hacen las generalizaciones.”

Lo que refleja claramente que es a través del discurso social, las costumbres y el habitus(8) que el dominio simbólico (inconsciente, no deliberado y prerreflexivo) de lo masculino sobre lo femenino logra el control de la voluntad y excluye la posibilidad de la transgresión (Bourdieu, 1999). En esta relación de dominación, el dominado (en este caso dominada) se entrega y abandona al destino que está socialmente consagrado, adhiere a éste y no decide voluntariamente (9).

Sin embargo, las detenidas desaparecidas sí fueron transgresoras en dos planos: en el social y en el familiar. Salieron de lo privado a lo público para demandar con la misma fuerza que los hombres la restitución de los derechos civiles y políticos, dejando de lado su rol tradicional de género, dejaron de ser la buena madre que protege y cuida a su familia(10) para meterse “en cosas de hombres”, en palabras de Manuel Maturana. Es por ser transgresoras que se les castiga socialmente y no aparecen en el discurso social.

Cabe señalar, que la gran mayoría de las detenidas desaparecidas sí eran transgresoras por el sólo hecho de ser militantes de un partido político, espacio privilegiado para hombres. No obstante, una cantidad no menor de ellas, como ya fue mencionado antes, era militante del MIR, la representación institucional de la lucha armada, todas unas transgresoras.

Aquí encontramos el primer factor de invisibilización de las detenidas desaparecidas en Chile: la transgresión del rol de género presente en Latinoamérica y llevado al extremo durante la Dictadura.

El segundo factor por el cual las detenidas desaparecidas no aparecen en el discurso colectivo es por lo que podríamos denominar la vergüenza. Las familias, quienes son las que buscan y hacen que la sociedad se entere de los horrores, dejan de hablar del “tema” porque se sienten deshonrados y humillados, ya sea porque ellos mismos cometieron alguna falta (por no saber con anterioridad a qué se dedicaba su familiar y así poder protegerlo/a; por no buscar a sus parientes con suficiente ahínco; por no ser capaces de dejar de lado las divisiones dentro de la AFDD para conseguir el fin último por el cual fue creada; entre muchas otras posibles) o porque, a sus ojos, el detenido desaparecido o la detenida desaparecida la cometió (no contarle a sus parientes a qué organizaciones pertenecía, no respetar el orden imperante, por ejemplo).

De esta forma, hay dos factores que han influido en la invisibilización de las detenidas desaparecidas en Chile: el factor transgresión y el factor vergüenza.

5. Las mujeres buscan a las mujeres

El que son las mujeres quienes mayoritariamente forman las organizaciones que luchan para terminar con la impunidad, buscando la verdad y la justicia no es un hecho nuevo. Es posible encontrar más de un/a autor/a que trata esta temática. No obstante, parece importante señalarlo aquí porque el caso chileno no está al margen de este hecho.

Quienes buscan a las detenidas desaparecidas en Chile no son hombres, aún cuando el porcentaje de mujeres casadas al momento de la detención no deja de ser significativo (43,1% del total), como se muestra en la tabla 4. No obstante, es importante señalar que hay algunas mujeres que fueron detenidas junto a sus cónyuges.

Casadas

31

43,1%

Solteras

39

54,2%

Separada/Viuda

2

2,7%

Total detenidas desaparecidas

72

100%

Fuente: En base a lista oficial de la AFDD. TABLA 4.

Los esposos que participaron activamente en la búsqueda de sus parejas y que fueron miembros de la AFDD son sólo dos: Max Santelices y Manuel Maturana, no hay registros de otros hombres en la memoria de las mujeres de la AFDD (salvo un señor de apellido Bonet, que buscó sólo durante los primeros años).

Para Manuel Maturana, el motivo de que los otros 29 esposos no se hayan dedicado fervientemente a la búsqueda de sus esposas, se debe principalmente a vivir en un país de cultura machista. Pero además mencionó que:

…si en la AFDD, no era prioridad la búsqueda de las 72 compañeras, era porque al ser tan sólo dos los hombres interesados en la búsqueda de sus mujeres, no eran peso suficiente”

De esto se desprende que las detenidas desaparecidas han sido principalmente buscadas por mujeres, ya sea por sus madres, abuelas, hijas, hermanas o incluso, por su suegra (1 caso registrado, el de Ana González, suegra de Nalvia Mena).

II. Las continuidades y los cambios en la concepción las detenidas desaparecidas en Chile.

Con lo expuesto en el capítulo anterior es posible plantear que ha habido ciertas continuidades y cambios en la concepción de las detenidas desaparecidas en Chile. Planteamos la existencia de tres etapas que no son cronológicamente lineales, sino que pueden superponerse unas a otras. Las etapas son:

1. Primera Etapa. Transcurre desde 1973 hasta 1985; durante este período no hay distinciones de género, ya que la premura y la desesperación no hacen distingos entre mujeres y hombres, sólo importa buscar a quienes fueron detenidos/as y encontrarlos/as. El hito que marca este período es la creación formal de la Agrupación de Detenidos Desaparecidos en julio de 1975, cuyo nombre no hace evidente diferenciaciones de género. Es necesario recordar que en este momento histórico la teoría de género aún no permea la sociedad chilena.

2. Segunda Etapa. Comprendida entre 1985 y 1995. Es desde 1985 que la teoría de género comienza a tomar fuerza en Estados Unidos con una de sus referentes, Joan Scott. Sus reflexiones llegan a Chile con alguna dilación y parecen ser aprehendidos rápidamente porque surgen iniciativas para mostrar y demostrar que efectivamente habían mujeres entre “los detenidos desaparecidos”. El hecho que marca esta etapa es la publicación del libro “Todas íbamos a ser reinas”, un estudio sobre las nueve mujeres que fueron detenidas y desaparecidas embarazadas en Chile, en 1992.

Este libro refleja algo que podríamos denominar un “entendimiento incompleto de la teoría de género”, ya que sólo realza a las nueve que fueron detenidas y desaparecidas embarazadas, pero deja a las otras 63 perderse entre los hombres, pasar a la lista de “detenidos desaparecidos” (tabla 5).

Detenidas desaparecidas embarazadas

9

12,5%

Detenidas desaparecidas no embarazadas

63

87,5%

Total detenidas desaparecidas

72

100%

Fuente: En base a lista oficial de la AFDD. TABLA 5.

Por lo demás, se les da importancia por el hecho de haber estado embarazadas, se les realza por su rol de género, el ser madres. Las otras 63 detenidas desaparecidas pierden su ser mujer incluso estando ya perdidas/desaparecidas.

3. Tercera Etapa. La tercera y última etapa se extiende desde 1995 hasta 2005. Durante este período las perspectivas de género van decantándose y comienzan las reflexiones de autoras chilenas. Durante este período se deja atrás ese “entendimiento incompleto” y hay un cambio: se releva a las 72 mujeres por igual. El hito que le da el sello a esta etapa es la próxima construcción de un monumento en el Paseo Bulnes para recordar a todas las detenidas desaparecidas.

Conclusiones.

Entre 1973 y 1978 hubo 72 mujeres detenidas que aun están desaparecidas, las cuales han sido sujeto/objeto de una doble invisibilización, una relacionada a la no-aparición de sus cuerpos y otra por la no-aparición en el discurso social.

Los factores que han influido en la invisibilización de Modesta Carolina Wiff, Emperatriz Villagra, Bernarda Vera, Ida Vera, Rachel Venegas, María Edith Vásquez, Lila Valdenegro, Bárbara Uribe, Rosa Soliz, Marcela Sepúlveda, Clara Rubilar, Mireya Rodríguez, Erika Riquelme, Sonia Ríos, Julia Retamal, Elizabeth Rekas, María Ramírez, Claudia Poblete, Matilde Pessa, Reinalda Pereira, Nilda Peña, Michelle Peña, Marta Neira, Rosa Morales, Nalvia Mena, Eugenia Martínez, María Cecilia Magnet, María Cristina López, Violeta López, Mónica Llanca, Elsa Leuthner, Frida Laschan, Gloria Lagos, María Cecilia Labrin, María Isabel Joui, Alicia Herrera, María Isabel Gutiérrez, María Elena González, Susana Gómez, María Galindo, Nelsa Gadea, María Olga Flores, Rebeca Espinoza, Eliana Espinoza, Ruth Escobar, Elisa Escobar, María Teresa Eltit, Jacqueline Drouilly, Sara Donoso, Muriel Dockendorff, Carmen Díaz, Gloria Delard, Carmen Delard, Cecilia Castro, Cristina Carreño, Clara Canteros, Sonia Bustos, María Teresa Bustillos, Elba Burgos, Carmen Bueno, Amelia Bruhn, Cecilia Bojanic, Jacqueline Binfa, María Isabel Beltrán, Jenny Barra, María del Carmen, Gabriela Arredondo, Diana Aron, María Angélica Andreoli, María Inés Alvarado, Mirta Alonso y María Eliana Acosta, son dos: el factor transgresión y el factor vergüenza, aún cuando podría establecerse como primero el factor cantidad. Sin embargo, el que sean tan sólo 72 mujeres en relación a 946 hombres no es un motivo considerado válido.

El factor transgresión se refiere a que las 72 detenidas desaparecidas, particularmente las 59 militantes, fueron transgresoras del orden social y cultural establecido, donde el principal rol asignado a las mujeres ha sido el de buena madre, protectora de lo íntimo y guardiana de su hogar. Ellas salieron de sus casas para dedicarse a luchar por lo que creyeron más justo. Es por esto que la sociedad chilena sanciona a las detenidas desaparecidas sacándolas del discurso social e invisibilizándolas.

El segundo factor tiene relación con que las detenidas desaparecidas no aparecen en el discurso social porque sus familias sienten vergüenza, se sienten mal por la ocurrencia de una falta que deshonra y humilla, ya sea propia o ajena (llevada a cabo por el detenido desaparecido o por la detenida desaparecida).

Además, identificamos claramente quiénes buscan a las detenidas desaparecidas y la relación que esto tiene con la concepción que de ellas existe. Quienes buscan son principalmente mujeres, aún cuando pudimos constatar que sólo dos esposos han buscado a sus cónyuges.

Por otro lado, establecimos las continuidades y los cambios que han habido en la concepción de las detenidas desaparecidas en Chile, gracias a esto planteamos la existencia de tres etapas. En la primera no hay diferenciaciones de género, se busca a todos y todas por igual; en la segunda etapa hay una concepción de género entendida en forma incompleta y en la tercera etapa comienza a gestarse una mejor comprensión de la importancia de realzar a las 72 detenidas desaparecidas de igual forma, sin hacer distinción alguna.

Para finalizar, sabemos que nuestro aporte es breve, sin embargo queremos dejar constancia de que ante el horror y el olvido, al menos hay dos como nosotras, que están pensando.

Notas.

    1. Para efectos de esta investigación, entenderemos género como la construcción social de las diferencias sexuales (lo femenino y lo masculino), el cual se adquiere a través del aprendizaje cultural. A esto la antropóloga Gayle Rubin agregaría que las relaciones entre género y sexo varían de sociedad en sociedad (Montecino,1977: 16).

    2. La represión es el “acto, o conjunto de actos, ordinariamente desde el poder, para contener, detener o castigar con violencia actuaciones políticas o sociales” (RAE, 2005).

    3. “En la cosmogonía prehispánica hay un instante inocente, perfecto, redondo: Coatlicoe, la diosa%2

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2017-12-06T14:47:09+00:00 Categories: Investigación|