Opinión: Discurso de odio discurso de negación

Imposible escribir una columna hoy, con lo que estamos viviendo y que se decidirá próximamente, hemos visto renacer con fuerza los discursos de odio, que en su mayoría se basan en mentiras. Desde el mayo feminista del 2018 comenzó en el país un punto de inflección que estuvo marcado principalmente por el cambio en “las hablas”, comenzamos a pluralilzar las diferencias y diversidades, comenzamos a decir todas, todos y todes, en un acto de reconocimiento a lo que somos, un grupo humano diverso, complejo, la suma de individualidades que deben construir de forma colectiva comunidad; y eso es imposible hacerlo desde la invisibilización y por su puesto desde la exclusión.

Columna de opinión
17.12.2021
Por Ana González
Presidenta ONG Lideracción, miembro Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres

De forma peligrosa en esta segunda vuelta electoral, hemos escuchado de todo: desde la validación de la violación hasta la invalidación de personas por su condición social (mi voto vale más que el de mi nana), uso de baños compartidos con comunidad trans y el llamado de expulsión de una chilena que además ostenta el cargo de Alta Comisionada de DDHH de la ONU, primera mujer Presidenta de la república, Secretaria ONU Mujeres y dos veces Presidenta de la República, para luego preguntarse y exigirle que se reúna con los mismos que la estaban expulsando del país.

¿Cuándo nos ocurrió esto? Si íbamos construyendo a paso lento porque queríamos ir lejos ¿cuándo dejamos de vernos? para incendiar nuestros corazones contaminándolos con la exclusión y el odio. A mi parecer eso ocurre cuando movemos las barreras de los valores y lo humano y creemos que para comer, ganar un poco más, ser ricos y perseguir el sueño americano, debemos también mover el límite de nuestros valores humanos, dejar de ver a una otra u otro y comenzamos con la espiral de la guerra; y en una guerra vamos siempre contra los más débiles, en esa cadena de débiles y excluidos las mujeres están en primera línea.

Hoy muere Lucía Hiriart, mujer y no por ello, santa. Muere una mujer que encasilló a las mujeres a su rol histórico de abnegación y dueñas de casa, cómplice activa de una Dictadura horrorosa. Es ella quien impulsa también un discurso de odio e invisibilización sobre los crímenes de la Dictadura. Decía “uno lamenta la muerte de personas, pero cuando la gente sale y se expone bueno caen” relativizando el asesinato. Sostuvo sobre Carmen Gloria Quintana “se quemó poquito para tanto escándalo”. A través de CEMA Chile (Institución que ella creó) se robó miles de millones de pesos en propiedades públicas para acumular riqueza y ahí está el punto de todo, para ganar más, para enriquecerse en el sueño americano, movió las fronteras de los valores humanos y usó el mismo triangulo del terror: negar a la diversidad, estigmatizar a los diferentes y relativizar la tortura, la violación y el asesinato.

La impulsora de un discurso de odio que sólo le dio enriquecimiento ilícito, muere en la más absoluta impunidad, sin pedir perdón, ni arrepentimiento alguno. Será sepultada, pese que fruto de su odio, miles de familias en nuestro país aún preguntan ¿DÓNDE ESTÁN?.

Que con su partida se cierre un ciclo negacionista, que desde el domingo retomemos esas voces y “hablas” que nos permitían vernos diversas (os), creativas (os), humanas (os) y dignas (os).

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