Opinión: Puerto Varas atrajo habitantes disconformes con la gran ciudad

Columna de Opinión
Jaime Barret, economista

No es menor, buena calidad de vida es algo más sensato a buscar que el éxito económico. La presión demográfica termina, sin embargo, perturbando la calidad de vida de todos los habitantes de la ciudad, otrora pueblo. Termina contaminando como contamina el ser humano, al mismo tiempo en que vamos perdiendo el patrimonio cultural de la ciudad ante la presión inmobiliaria que deja sin habitación a jóvenes y familias que ya no pueden pagar los costosos arriendos, ni menos imaginar la posibilidad de una casa propia.

La fama de Puerto Varas y la propaganda inmobiliaria atraen, pero atraen a quienes pueden pagar los miles de unidades de fomento que piden por la exclusividad de la vista al lago que antes era de todos. La construcción, completamente desmedida, de edificios de altura, ha perturbado la armonía de una ciudad que está colapsando ambientalmente, cuyas cañerías se encuentras tapadas de escombros y en las calles abundan los plásticos de peligro y la basura que dejan las construcciones de edificios. La pérdida en la calidad de vida la repartimos entre todos mientras que las ganancias son de pocos. Se acumulan las ganancias y se socializan las pérdidas.

Crecen y crecen las construcciones en un pueblo cuya ciudadanía desea mantener esa identidad, pero cuya autoridad se regocija favoreciendo a sus amigos de la inmobiliaria y la constructora. La ciudadanía pide sustentabilidad y descontaminación, pero la municipalidad otorga y otorga permisos de edificación y mueve por debajo de la mesa el plan regulador de la comuna, para que este crecimiento sea asegurado en el futuro. La avaricia ha corrompido a quien nos representa, debemos saberlo. Porque si no fuera así, el alcalde cuidaría nuestra cuidad en vez de venderla al mejor postor. Debemos saberlo y debemos hacerle saber que la ciudadanía exige ser escuchada. Cuando el diálogo con la autoridad es coartado por esta misma, no hablamos de democracia sino tiranía, y en eso se ha convertido nuestro señor alcalde. Ya no le pedimos siquiera que aporte. Le exigimos que nos deje trabajar por un Puerto Varas amable, libre de contaminación, con áreas verdes, con servicios de salud dignos, con escuelas que preparen a los jóvenes puertovarinos para el desarrollo conjunto de un territorio sustentable y armónico socialmente.

Puerto Varas le dice basta a la arrogancia, a la codicia, al machismo, a la violencia, a la contaminación, al autoritarismo. No queremos en nuestra comuna expresiones neo-fascistas que florecen en el mundo como una plaga en estos días. No queremos escuchar cosas como “recoge la mesa, mujer”, o “este municipio no dialogará con usted”. Basta ya. Llegamos al punto en que la ciudadanía debe reaccionar. Buena gestión, diálogo, espacios de participación ciudadana, transparencia es la base mínima que debemos exigir. Ninguna acción en contra de estos principios puede ser justificada por una acción positiva. Somos personas y merecemos ser tratadas como tal, como fines y no como medios. Basta de mediocridad, merecemos más de nuestra autoridad.

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2018-12-06T17:57:33+00:00 Categories: Columnas de Opinión|