Opinión: Trasplantes o tenebrios oscuros

Por dr. Eduardo Hitschfeld, Médico-Cirujano y Médico-Legista 

Conmoción pública se generó en Chile por el caso de Felipe, un niño inocente que agonizó por una enfermedad cardíaca terminal cuya única posibilidad de recuperación definitiva la constituía un trasplante de corazón en forma urgente. Caso que pone en la palestra todo el enorme caudal de desinformación y de equivocaciones que con respecto al tema de los trasplantes ha existido ya por demasiado tiempo en nuestra sociedad.

Este corazón compatible apareció en Talca en una mujer recién fallecida en un accidente de tránsito. Todo estaba listo para llevar el corazón a Santiago y proceder a su injerto en el joven. Sin embargo a última hora los familiares de la señora se negaron a entregar el órgano. Nuestra legislación faculta y legitimisa esta decisión efectuada por los familiares.

El resultado fue que el niño a los pocos días murió. Teniendo la clara  y precisa oportunidad de sanarse con el trasplante del corazón de la Sra. fenecida en Talca. Por un cúmulo de  decisiones equivocadas, tomadas por los familiares, perdió irrevocablemente esta oportunidad. No fue por decisiones médicas, tampoco fue por un terremoto o un cataclismo imponderable. No. Fue por convicciones equivocadas de seres humanos. Claro, respetemos el libre albedrío y las decisiones de las personas. Pero no cuando estas decisiones implican un claro y grave daño a terceros.

Los tibetanos tienen una palabra que no existe en otro idioma y que significa “la alegría en la alegría ajena”. En este caso claramente no se cumplió. Una oscura mezcla de superstición, ignorancia,  compromiso mal entendido y probablemente soberbia, lo impidió, con resultados concretos lamentables. “Cenizas a las cenizas”. “Polvo al polvo”.

¿Quieren saber que sucede con un cadáver? A las pocas horas empiezan a invadir el cuerpo nuestras propias bacterias intestinales. El vientre se hincha y la piel comienza a adquirir un tono verdoso. En el corte superficial, al momento de comenzar una autopsia, la grasa se ve licueficada “aguachenta”. Lo mismo sucede con los músculos y los órganos internos. Estas bacterias anaeróbicas (que no necesitan oxígeno para sobrevivir) lo invaden todo. El hedor es nauseabundo y los órganos se deshacen quedando hechos “piltrafas”. Posteriormente vienen las larvas y otros variados comensales.

Por último, a los dos años aproximadamente, aparecen los peores de todos ¡INSECTOS!  Con nombres poco simpáticos como “tenebrios oscuros”. Estos terminan el trabajo dejando los huesos completamente pelados. Son pequeños, de color negro oscuro y uno los ve “burbujear” alrededor de los huesos como en las peores películas de terror.

La muerte de nuestras células no es igualmente rápida en los diferentes órganos. El cerebro, verdadera cede de nuestra persona, de nuestra calidad de Homo Sapiens Sapiens, de nuestra personalidad, de nuestra emocionalidad, recuerdos y más, es el más lábil. Al segundo  de estar sin irrigación cae en inconciencia, y más o menos a los diez minutos muere irreversiblemente sin  posibilidad alguna de revivirlo.

El corazón es solo un músculo y se puede recuperar aún después de algunas horas de estar sin irrigación, asimismo como otros órganos que sirven precisamente para ser trasplantados. Se pueden mantener viables por mucho tiempo si de alguna manera se les provee de irrigación, oxigenación refrigeración y otras manipulaciones que maneja la gente dedicada a los traslados de estos órganos. En Chile existen estas cadenas e infraestructura adecuada.

En definitiva le preguntaría a la gente que no quiere ser donante ¿Prefieren que sus órganos terminen en las fauces de los “tenebrios oscuros” o que sirvan para sanar a otros seres humanos similares a ellos?

 

 

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2019-04-16T21:29:23+00:00 Categories: Columnas de Opinión|