Perfil: Pablo Fierro y el Museo de lo Despreciado

Pablo Fierro dice que no es coleccionista porque para armar su museo recogió objetos en el olvido, despreciados, como la madera vieja o un lápiz bic. Él disfruta de las cosas simples: el hecho de estar vivo y hacer lo que le gusta. El Museo, visita obligada para los turistas y que lleva su nombre, nos recibe en la costanera de la ciudad, mientras dialogan el recuerdo con el lago y los volcanes.

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Hace 28 años que pinta y dibuja casas antiguas. Y hace 17 años que construyó el museo. El origen se remonta a un viaje a Francia y un festival de arte latino. Era el año 1998 y estuvo un mes y medio en París. Recorrió muchas galerías de arte en esa oportunidad y se preguntó qué tenía para entregar y compararse con las maravillas que estaba viendo en Europa y nació la idea. Le ofrecieron quedarse en Francia, pero Pablo Fierro tenía que volver para hacer su museo. Le cuestionaron su decisión, argumentando que en Chile no iba a tener apoyo y que se iba a arrepentir. Sabía que estaba desaprovechando una oportunidad buena. Pero él creía en su sueño y sabía que nadie lo iba a cumplir por él. Pasaron dos años, y se estableció en un taller en Puerto Montt, en una feria artesanal. En ese lugar la casa antigua vio la luz el año 2001. Trabajó con sus propias manos. Duró cinco años y descubrió que Puerto Montt no era el sitio indicado. Y le pidió a Dios. Un día paseando por la costanera de Puerto Varas el espacio, un peladero, lo llamó.

El alcalde lo contactó y le ofreció el lugar para instalarse. El resto es historia. Desde este refugio, rodeado de recuerdos, Pablo Fierro nos responde.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos de Puerto Varas?

En el año 80 tenía unos amigos que vivían acá. Eran tres hermanos que vivían cerca de la calle Purísima. Salíamos a jugar a La Posa e íbamos a pescar. Tenía 17 años. Veníamos a la playa y jugábamos básquetbol en el Germania. Recuerdo que por las calles de la ciudad no andaba nadie. Nosotros nos reíamos en la plaza. Tengo recuerdos lindos de Puerto Varas. Pasé muchas veces por acá, donde está el museo, pero nunca pensé que yo iba a estar en un lugar como este.

¿Cuál es tu lugar favorito de Puerto Varas?

Aquí, el museo. Me gusta ir al cerro Calvario también. Cuando la gente me pregunta si es que vivo en el museo, les digo que no duermo aquí pero si vivo aquí. Tengo una carta que dice: “Para la gente es como estar en casa, abres las puertas de tu refugio, como si fuéramos todos uno solo”. Este es mi refugio. Aquí soy pleno. Afuera no soy nada, soy uno más que anda por la calle, donde nadie se mira. Pero aquí la gente me hace sentir importante, que valgo y que soy parte de un mundo.

¿Qué le cambiarías a la ciudad?

Cambiaría muchas cosas. Le pondría buen gusto y arte. Me gusta como es, pero creo que hoy en día las cosas se hacen cuadradas y rápido. Por ejemplo, esta casa la fotografían día y noche y yo haría de esta ciudad un lugar que fotografíen por todos lados. Pondría veletas en los hoteles y edificios, gigantes y que giren con el viento. También creo que falta mejorar espacios de áreas verdes. Arriba del museo (en el cerro) siempre vienen a tomar y yo tengo que recoger las botellas. Hay barrios que necesitan iluminación. Hay mucha gente que alega que por qué solo se enfocan en el turismo y no en el resto de la ciudad. Tal vez un porcentaje de las ganancias del turismo deberían ir a un fondo de limpieza y orden para los barrios.

El Museo de Pablo Fierro es un lugar para soñar. Recorrer sus paredes atestadas de memoria invitan a cerrar los ojos e imaginar vidas pasadas. Es bonito ver como dialogan distintas generaciones, cuando padres explican a sus hijos cómo funcionaba algún objeto de antaño. Pablo Fierro también nos llama a soñar cómo era el pasado, en su casa museo, tan cerca de la ciudad atiborrada de presente.

Francisca Vargas
Francisca Vargas Periodista Diario Puerto Varas
mfranvargas@gmail.com
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