Terrorismo verbal

Ya es como la décima vez que entregan estos regalitos a estas personas, que más que exiliados eran terroristas” dijo el diputado Ignacio Urrutia durante sesión de la Cámara baja del Congreso del 19 de abril del presente, la que tuvo que ser suspendida tras estos dichos.

Víctimas, es la palabra adecuada:

Ana conoció a Juan en la casa de unos amigos en Santiago. Lejos de su querido Sur natal y sus familias, iniciaron una vida juntos. Tuvieron tres hijas. Su vida fue alegre y tranquila. Paseos a la costa los fines de semana, pan amasado, café y vino tinto. Él trabajó como chofer en el Congreso y en la Moneda. Ella cuidó de las niñas y la casa. Planchó camisas, lavó pañales y preparó la cena.

¡Estruendos! Un día todo cambió

Ana, junto a sus hijas, vio como unos hombres, vestidos con abrigos largos y oscuros, se llevaron a Juan de la casa. Durante tres meses Ana lo buscó. Lo buscó en su trabajo. Lo buscó en los barrios. Lo buscó en las instituciones. Lo buscó, lo buscó y lo buscó.

Un día lo encontró. Estaba prisionero sin previo juicio o sentencia. Maltrecho, en silencio y asustado. Incertidumbre, dolor y tristeza sintió Ana. No podía comprender tanta crueldad humana.

Después de un año de prisión y torturas, Juan voló a otro país, gracias a la intervención de la Cruz Roja. Ana observó como desapareció el avión en el cielo y por fin suspiró. Luego, solo en el exilio se enteró. Empapada en lágrimas relató los hechos que Juan le contó. No existen palabras para describir el sufrimiento expresado. Torturas que años después acabaron con la vida de Juan, quien determinó el suicidio lejos de su querido Sur natal.

Constanza Hitschfeld Weisser Editor Diario Puerto Varas
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2018-07-25T02:23:46+00:00 Categories: Cartas y Editorial|