El TPP-11 y el desplazamiento de lo local

Columna de Opinión
Jaime Barret economista

La perspectiva histórica permite visibilizar cuestiones que de pronto, en el contexto de la cotidianeidad, dejamos pasar o no le prestamos la suficiente importancia, hasta que, 50 años después, se convierte en historia. El “Acuerdo de Transpacífico de Cooperación Económica” o TPP-11, es una de ellas.

Debemos recordar y distinguir el periodo histórico que estamos viviendo para comprender las implicancias de este acuerdo. Hoy no existe un conflicto entre derecha e izquierda, eso es ilusorio. No, hoy estamos prontos a superar esa dualidad y a reemplazarla por otra que si nos convoca: el desarrollo local vs la empresa trasnacional.

Hubo un tiempo en que las personas sostenían sus necesidades con producción local de cooperativas productivas, empresas familiares, familias campesinas, talleres de oficios (zapateros, costureras, modistas, talabarteros, etc.). Ante la llegada de la economía global, estas formas de organización entraron en crisis. Difícilmente podían competir la Cooperativa Agrícola de Frutillar (CAFRA) con Nestlé, ni la zapatería local con Bata o Hush Puppies. Ante la entrada de Starbucks sucumbió el café de la esquina, y con la llegada del mall chino se le ha puesto difícil el negocio a la vecina. Tampoco pueden competir los almacenes de barrio, las fruterías y verdulerías cuando se construye un Líder o Acuenta de Walmart en las cercanías.

Si vemos el pasar del tiempo en la economía de nuestra comunidad, veremos que los negocios locales intentan sobrevivir a duras penas ante las gigantescas inversiones de las grandes cadenas industriales y los insostenibles presupuestos en marketing y publicidad de las grandes compañías internacionales y sus filiales. Nestlé, Pepsi-Co, Unilever, P&G, Kraft, Coca-Cola, Bayer, Johnson & Johnson son hoy por hoy los dueños de la producción de la mayoría de lo que consumimos regularmente. Agradeciendo siempre su gesto, debemos recordar empero, que el motor que guía a estas compañías es la ganancia por sobre todas las cosas, y poco les importa el desplazamiento de los productores locales y la presión sobre el medioambiente: su fin último es ganar, ganarle al mercado local y absorberlo para ganar aún más. Y como ganar es el fin, el medio o quien regula el mercado, es decir, el Estado, es su mejor aliado.

El TPP-11 es un tratado de libre comercio firmado ya por Australia, Brunei, Canadá, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam, y recientemente aprobado por la cámara de diputados de Chile. Es incorrecto, sin embargo, llamarlo tratado de libre comercio, ya que Chile posee un Tratado de Libre Comercio hoy por hoy, con cada una de las naciones del acuerdo. El TPP-11 es otra cosa: es un acuerdo político para asegurar que los Estados no puedan promover una economía que perjudique a las grandes compañías. El TPP-11 busca como objetivos fundamentales establecer una serie de normas sobre la política económica que regulen las intervenciones del estado en esta materia. Busca, por ejemplo: (1) endurecer los castigos por infracción a derechos de autor, que pone en riesgo la libertad del internet, (2) fortalecer las concesiones de las grandes farmacéuticas en desmedro de los productores de genéricos, (3) reducir los aranceles agrícolas desprotegiendo al pequeño productor, (4) regular el uso y los derechos sobre las semillas con un gen patentado, poniendo en riesgo la soberanía alimentaria y (5) crear una instancia judicial supranacional para que las compañías puedan demandar a los gobiernos si sienten que las normas anteriores han sido violadas o su objetivo de ganar se ha visto obstaculizado (ver https://ciperchile.cl/2015/11/03/el-tpp-o-como-ceder-soberania-por-secretaria/, columna de Gabriel Palma, doctor en economía de Oxford).

Este acuerdo, por tanto, robustece nuestra dependencia a las grandes compañías y supedita la acción del estado que, supuestamente, somos todos. Así, una gran compañía internacional, podría demandar al estado chileno si este propone un ajuste arancelario para proteger la agricultura de un territorio o si una empresa estatal entrega un producto o servicio competitivo con el de las empresas internacionales, es decir, si toma alguna decisión por apoyar la industria local regulando la economía a favor del desarrollo comunitario. De aprobarse este tratado, quedamos a circunscritos a la regulación económica de gobernantes que no escogimos, eso no es democracia.

En este momento clave en nuestra historia, en el que corre riesgo nuestra soberanía política, debemos decirle fuerte y claro al senado, que el desarrollo local es nuestra vía, que avancemos y transitemos juntos hacia el desarrollo local y la asociatividad, hacia una economía ecológica, circular, regenerativa, a escala humana; hacia una economía social y solidaria, colaborativa y cooperativa que humanice las relaciones de mercado en vez de mecanizarlas. Una economía en la que transformemos el competir por compartir. El medioambiente y la naturaleza y el futuro de nuestra comunidad local está en juego. Nuestro poder de decisión está en juego. Es tiempo de decirlo fuerte y claro: NO AL EL TPP-11.

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2019-05-09T20:42:17+00:00 Categories: Columnas de Opinión|