Viajeras sin miedo

NÓMADA – Reflexiones de viaje

Hoy se conmemora el Día Internacional de la Mujer y me pareció un buen momento para comenzar con esta columna de reflexiones surgidas en base al tema del viaje, ese estado de movimiento a través de la geografía y las ideas que nos permite explorar, descubrir, conocer y conocernos.

Las mujeres llevamos a cuestas un largo viaje de luchas y búsqueda de reivindicaciones. Los últimos años nuestra sociedad ha vivido una verdadera revolución en apoyo a la diversidad e igualdad de géneros. Le llamo revolución porque lo que comenzó como un movimiento de liberación y justicia hoy en día ha iniciado un cambio de paradigmas.

Las ideas respecto a los roles que debemos cumplir las mujeres en la sociedad, que anteriormente se aceptaban sin cuestionar, hoy se someten a debate. Las teorías acerca de lo que podemos aportar en los núcleos familiares y empresariales se han ido desmitificando. Y así poco a poco hemos ido creciendo en el entendimiento de que en la vida hay suficiente espacio y necesidades como para que todos nos manifestemos de la forma que más nos llene de sentido.

Pero aún estamos en proceso de transición y nos queda más de una batalla por dar. Mientras todo esto se desarrolla las mujeres seguimos expuestas a peligros reales e imaginarios, viviendo muy cerca del miedo. Creo importante hablar al menos brevemente de esta emoción. Cuando está bien fundada y nace como respuesta al entorno, se trata de un mecanismo funcional que sirve para nuestra supervivencia. El problema sobreviene cuando se produce de manera disfuncional, no como reacción a un peligro sino que como manifestación de un estado de nuestra mente.

Cuando sentimos miedo de peligros que no existen fuera de nuestra imaginación, la emoción en vez de ayudarnos puede llevarnos a tomar decisiones que anulan la posibilidad de nuevas vivencias y aprendizajes. Un ejemplo y lo que origina esta columna es el miedo a viajar solas.

Hemos sido educadas en la lógica de que todo, por ser mujeres, es más peligroso. Tiene sentido. El mundo es un lugar lleno de riesgos, hay personas que con tal de obtener lo que quieren o necesitan no dudan en hacer daño. Nos pueden asaltar. Nos pueden matar. Y como si esto fuera poco también nos pueden violar, frente a lo cual tenemos limitadas herramientas para defendernos.

Mijita mejor quédese en la casa”, diría un papá preocupado. Si salir a la esquina o caminar por la calle da miedo quién va a ponerse a pensar en ir sola a otra ciudad, otro país, ¡otro continente! Cuando le conté a mi familia que había decidido hacer mis maletas e irme a viajar de forma indefinida vi a mi padre ponerse blanco.

  • Pero…. ¿cómo indefinido? ¿cuánto tiempo es eso?, – me dijo intentando darle sentido a mis palabras.

  • No sé.

  • ¿Pero cómo no sabes?

  • No sé…

  • ¿Y a dónde te vas?

  • No lo tengo claro.

  • Ah no hija, tú te volviste loca.

Viajé sola durante 20 meses antes de decidir volver. Corrí riesgos y tuve experiencias lindas y otras duras. Pero no me mataron, no me violaron y, es más, me asaltaron más veces durante mi último año en Santiago que recorriendo Kenya, Tanzania, Mozambique, Namibia, Zimbabwe, Botswana y Sudáfrica. Sí, estuve en África, ese continente que parece tan peligroso.

¿Tuve suerte? Quizás. O tal vez el mundo no es un lugar tan obscuro y tenebroso como nos hacen creer. Tal vez, así como hay personas “malas”, hay también una infinidad de personas buenas y dispuestas a darnos una mano si lo necesitamos. Al final, mucho depende de la mirada con la que viajamos y de las sonrisas que entregamos mientras vamos haciendo nuestro camino.

Los peligros reales están en todas partes, vienen en diversidad de colores, formas y acentos. Y es solo saliendo a la calle y viajando que aprendemos a reconocerlos. La experiencia nos permite afinar nuestros sentidos. Caminar solas nos ayuda a hacerlo con más seguridad. Y darnos cuenta de que el otro, ese desconocido, es más similar de lo que creemos, rompe prejuicios. Entonces comenzamos a perderle miedo a aquellos peligros imaginarios, motivándonos a actuar y a vivir en concordancia con quienes somos y queremos ser.

Aún quedan muchas batallas para que las mujeres podamos llevar vidas más libres y en igualdad. Y siempre habrá quienes se opongan porque ganan más manteniendo el status quo o le temen a los cambios. Por lo mismo necesitamos seguir moviéndonos y enfrentando nuestros miedos.

Viajar solas y experimentar lo desconocido, aunque sea a pocos kilómetros de donde estamos acostumbradas, puede ser el mejor punto de partida para descubrir lo que nos hace sentido, lo que nos gusta y el lugar que queremos ocupar en la sociedad. Y quién sabe si un viaje a solas se transforma así también en una contribución a nuestro viaje colectivo como sociedad.

Continuará…

Constanza de Ramón
Constanza de RamónPeriodista multifacética. Emprendedora, nómade, lectora, amante del planeta tierra y fotógrafa aficionada. La curiosidad no mató al gato.
@cota.de.ramon
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2018-03-08T14:55:57+00:00 Categories: Columnas de Opinión|