Monitoreo de especies

La geografía de Chile, con sus enormes extensiones marinas y multiplicidad de ecosistemas terrestres, la convierten en un país con un patrimonio natural privilegiado que permite albergar una gran diversidad de especies, contando con 35.000 especies nativas descritas. Además, la aislación geográfica provista por la cordillera de los Andes y el océano Pacífico otorgan a Chile características insulares que han determinado que una alta tasa de las especies presentes sean endémicas, es decir, un 25% de nuestras especies nativas sólo se encuentran en Chile. Lo anterior significa que nuestro país tiene la responsabilidad aún mayor de proteger y asegurar la persistencia de especies que sólo habitan nuestros ecosistemas.

Sin embargo, la realidad es que sólo 1.179 de las 35.000 especies nativas chilenas están clasificadas según algún criterio de protección. Esto quiere decir que no contamos con suficiente información de las especies presentes en nuestro territorio, lo cual se convierte en una dificultad a la hora de generar planes de manejo para la conservación y de la información con la que contamos, un 64% de las especies clasificadas se encuentran vulnerables, en peligro o en peligro crítico.

Esta situación se repite a una escala mayor cuando consideramos que 63 de los 127 pisos vegetacionales chilenos están amenazados, lo cual representa el 49,6% de los ecosistemas terrestres y un 30% de la superficie del país. Esto se agrava al reconocer que Chile es uno de los países más vulnerables al cambio climático y basa su economía en commodities que provienen de recursos naturales. Una forma concreta en que pudimos apreciar esto fueron los incendios forestales que sólo en el verano pasado consumieron 100.000 hectáreas de bosque nativo, representando una pérdida irreparable para el patrimonio natural de Chile.

Las decisiones de intervenir, manejar o conservar un ecosistema requieren un gran volumen de datos ecológicos. Sin embargo, la gran extensión espacial de los sitios a monitorear hace que los costos de muestreo limiten la cantidad de datos que se puedan obtener manualmente. Actualmente, cada vez que queremos saber cualquier tipo de información de nuestros ecosistemas un grupo de investigadores debe acudir presencialmente a obtener estos datos, con todos los obstáculos que esto puede representar al tratar de meter las manos en la masa en zonas silvestres de difícil acceso o derechamente inaccesibles. Además del acceso, la intervención humana necesaria para conocer lo que queremos proteger irrumpe y altera negativamente precisamente estos espacios.

En consecuencia, uno de los problemas identificados consiste en la escasa abundancia y alto costo de la obtención de datos ecológicos para su posterior llegada a los tomadores de decisiones públicas o privadas. Sólo para ejemplificar, según datos de la Alianza Valor Minero, los costos de los conflictos para proyectos de inversión en minería producto de la falta de información sobre posibles impactos ambientales son de aproximadamente US$ 20 millones semanales.

La abundancia de información de calidad y a un bajo costo puede mejorar significativamente estos procesos. Esto abre la oportunidad de encontrar soluciones a través del uso de tecnologías para la obtención de datos ecológicos. Hoy en día los avances en comunicaciones y la reducción de los costos en tecnología han permitido que los procesos de recolección, transmisión y procesamiento de datos sean más rápidos, baratos y accesibles.

Por esto, en el marco Plan de Acción Medioambiental que llevamos a cabo en los humedales urbanos de Llanquihue estamos desarrollando tecnologías de vanguardia que permitirán no sólo obtener datos ecológicos relevantes para determinar el estado de salud de estos ecosistemas, sino que también llevar un registro en tiempo real que permitirá dar voz a los humedales.

Un resultado de este proceso es el poder que conlleva manejar esta información, la cual permite a la comunidad tener herramientas suficientes para ser parte del cuidado, protección, fiscalización y conservación de sus humedales. Para completar esta tarea, es imprescindible que todos los datos sean de libre acceso, transparentando el procesamiento de éstos y también habilitando que éstos tengan sentido y valor para la comunidad.

Por ello, trabajamos en conjunto con los vecinos de Llanquihue, a través de actividades participativas, elaborando propuestas para el diseño e implementación de las nuevas tecnologías en terreno. También, porque creemos que la conservación debe incluir a la comunidad. No se puede concebir la conservación alejando a la gente, pues todo conflicto ambiental es un conflicto de la sociedad con el ambiente. Así, son las comunidades los principales aliados con los que trabajamos para lograr una apropiación cultural e identitaria con respecto a los sistemas ecológicos en los que están inmersos.

María José Orellana, PhD (c) Ciencias Biológicas PUC, Jefe Programa SCOT – Smart Conservation Tecnologies. Jaime Aranda y Matías Macaya, amantes de la naturaleza y la tecnología.

Fundación Legado Chile
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2017-12-19T02:08:41+00:00 Categories: Ciencia y Medio|