La historia de las mujeres ha estado marcada por la invisibilización, hemos sido borradas de la historia y no hemos sido parte de la memoria colectiva. Esa historia esquiva con nosotras, que poco a poco comienza a salir a la luz puede ser un acto de verdad y memoria.

Columna de opinión
22.12.2021
Por Ana González
Presidenta Ong Lideracción, miembro Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres

Que distinta sería nuestra memoria si nos hubiesen contado que la agricultura fue descubierta por la mujeres, que las brujas que quemaron en la hoguera fueron las primeras químicas y médicas de la época y que las quemaron por miedo y machismo. En esa “otra historia” en ese primer imaginario colectivo habría habido Verdad y Memoria para las mujeres. De eso trata el no olvido, del acto humano de reconocer a esa y ese otro, cuidarlo y proyectarlo hacia el futuro, para no repetir horrores, principio elemental de los Derechos Humanos, la verdad y la memoria cuando como Estado hemos fallado y como sociedad nos hemos vuelto indolentes respecto de nuestro pasado.

El acto siguiente a la verdad y la memoria, debe ser sin duda la justicia, lo hemos repetido en varias columnas anteriores, porque la impunidad carcome las bases del futuro, transmite frustración y con ello además rabia, que se arrastra por generaciones con incomodidad.

Hemos leído muchas reflexiones estos días entorno a la frustración de los ciudadanos de primera y segunda categoría, de eso las mujeres sabemos harto, invisibilizadas en la historia, relegadas a estereotipos y marginadas del poder, vivimos la secundarización o ser ciudadanas de segunda clase, por eso mismo, el 70% de las mujeres menores a 40 años optó en esta elección presidencial por el futuro (votaron Boric), por un nuevo pacto y por supuesto por un país más justo.

¿Se imaginan la historia que podríamos haber escrito si la impunidad no hubiera sido la norma? La familia de Emilia Loyola (Joven a la que truncaron futuro con bomba lacrimógena en la cabeza en acto cultural de Puerto Montt) caminaría con ella sin la frustración de la impunidad, habría habido justicia y por cierto reparación.

La familia de Nicole Saavedra (Joven lesbiana torturada, violada y asesinada en Quilpué) no habría tenido que tomarse la Fiscalía, estar detenida y esperar 5 años para sentir recién justicia, pero aún falta la reparación. No estaríamos esperando eternamente que Javiera Rojas (medioambientalista asesinada hace un mes en Calama) si su caso fue femicidio o asesinato político y quiénes lo hicieron, además.

Justicia y Reparación es el acto que el Estado guía para que la sociedad en su conjunto se proponga conocer y transmitir la verdad, traspasar de generación en generación los crímenes para que tenga vida en un futuro el rotundo no repetición o el para que nunca más.

Con buenos augurios y esperanza miro este nuevo inicio de Gobierno en Paridad (entregar rol de poder a las mujeres) de frente al Pueblo y las orgánicas sociales vivas (nunca más sin nosotras) de cuidado al medio ambiente (la pacha mama es una sola hay que cuidarla)  y proyectando el éxito de la Convención Constitucional porque si de un gran futuro se trata, en esa carta magna deberá quedar expresada a letra firme el total compromiso con los Derechos Humanos de todas, todos y todes y a pie firme la tan esperada Verdad, Memoria, Justica y Reparación.