El Banco Central acaba de subir nuevamente la tasa de interés de la política monetaria situándola en los niveles más altos de los últimos 30 años. El diagnóstico de la institución sobre las causas de la inflación reposa sobre variables insuficientes que inducen al error. En la actualidad, por un lado, la economía no está “sobre calentada”, y por otro lado, tampoco existe una demanda de los trabajadores asalariados que ejerza una presión sobre los precios.

Columna de opinión
10.06.2022
Por Jorge Weil Parodi
Doctor en Economía Política Universidad de París
Académico del programa de Administración Pública
Universidad de Los Lagos

El ejemplo más claro de lo anterior, es que el Banco Central ha subido regularmente la tasa de interés desde septiembre 2021 y a pesar de ello, en el último mes hemos alcanzados el indicador más alto de inflación acumulada anual de las últimas décadas. La política monetaria del Banco Central no ha sido capaz de detener la tendencia creciente de inflación en los últimos 10 meses.

Las razones de esta situación son variadas en estos dos últimos años:

Primero, la economía nacional experimenta una fuerte desaceleración productiva, rupturas del encadenamiento de actividades y servicios con una fuerte caída de las inversiones de las empresas privadas.

Segundo, el alza de los precios de los productos importados corresponden a una “inflación exterior” y sobre ello, la política monetaria no tiene ninguna incidencia. Chile es un país dependiente de los precios internacionales en sus importaciones. Estas impactan en un 50% en la canasta de productos sobre las cuales el INE calcula la inflación.

Tercero, los precios del transporte internacional de productos se han multiplicado cuatro veces en lo que se refiere a los valores de los containers navieros, a lo que se suma al alza de los precios de los seguros de las mercancías importadas.

Cuarto lugar, el precio del petróleo se ha duplicado influyendo decisivamente en el valor de los fletes nacionales.

Quinto lugar, el peso chileno se ha devaluado alrededor de un 30% frente al dólar incidiendo en los precios de los productos importados.

Sobre estas cinco causales, la política de incremento de la tasa de interés del dinero del Banco Central no tiene ningún efecto en los que se refiere a restringir la inflación.

En cuanto a la liquidez monetaria interna que presiona los precios de los productos, su génesis no tiene relación con el poder adquisitivo de los asalariados del sector público y privado, ni tampoco sobre el remanente de los retiros de los ahorros de las AFP y bonos otorgados por el gobierno de Sebastián Piñera. Los trabajadores han perdido sistemáticamente su poder adquisitivo en los últimos dos años  y ello no es incidente en la inflación.

Las razones del incremento del circulante monetario se debe al ingreso de grandes volúmenes de dinero mediante el lavado de dinero en los últimos tres años provenientes de carteles mexicanos, colombianos y países limítrofes. Este circulante monetario se suma a la expansión del mercado de trabajo informal, al emprendimiento por cuenta propia no formalizado, al crecimiento del mercado de los artículos ilícitos, al incremento del comercio ambulante y al tráfico de drogas. Ninguno de estos indicadores están considerados en las variables utilizadas por el Banco Central y por lo tanto, ausentes de las causales de la situación económica.

En síntesis, el control de los agregados monetarios vía tasas de interés utilizados por el Banco Central se sustenta en indicadores divorciados de la realidad. La liquidez monetaria ilegal no se controla elevando las tasas de interés formales. El alza de las tasas de interés de los últimos ocho meses de la política monetaria se está traduciendo en un frenazo de las actividades productivas legales que marcan el inicio de un estancamiento económico nacional. La dificultad actual no es la inflación sino la desaceleración de la producción local y regional.