El ser humano es rico en proporción a las cosas de las que puede prescindirse transformó en una máxima de “Walden” o “Vida en Los Bosques”, el cual fue publicado en 1854 por el filósofo y poeta estadounidense Henry David Thoreau. En la búsqueda por satisfacer la necesidad de ser, Thoreau decide desprenderse de la seguridad material y cambiarla por la simpleza de la vida autosuficiente en los bosques de Walden Pond, donde contempla, reflexiona y escribe sobre su experiencia y pensamientos.

Se es rico en proporción a lo que se puede prescindir, es una conclusión a la que llegaron también líderes espirituales como Jesús o Krishna; aníma a desligarse de lo material para satisfacer las necesidades del ser humano en un plano trascendental. “El dinero no es requerido para satisfacer ninguna de las necesidades del alma, agrega mientras identifica que las necesidades del cuerpo pueden ser satisfechas con agua, alimentos nutritivos, techo y calor. Las necesidades del alma, por su parte, requieren practicar la atención presente, desarrollar la espontaneidad, compartir con otras personas, conservar la naturaleza y reducirse consecuentemente.

A temprana edad, Thoreau cuestiona la lógica expansiva de la incipiente sociedad capitalista, argumentando que existe una oposición entre este objetivo y la conservación del entorno natural de la cual “nunca tendremos suficiente”. Esta contradicción lo motiva a alejarse de la aspiración de éxito material para aprender a vivir rodeado de naturaleza en los bosques y cultivar el alma, fuera de un sistema de organización que en aquellos años todavía alimentaba el crecimiento de la máquina con mano de obra esclava. “Si la injusticia es parte de la fricción necesaria de la máquina del gobierno, déjalo ir. Que nuestra vida sea una ficción contraria para detener la máquina, viendo en todo momento que no nos prestemos al mal que condenamos”, declara posteriormente en su ensayo “Desobediencia Civil” de 1859, y si no es fricción contraria, al menos que no lubrique.

Al sur, norte de la patagonia, escapan refugiados desde la gran ciudad en busca de mejor vida, del mismo modo en que inmigran refugiados de otros países con el mismo fin. Llegan con la esperanza de encontrar una vida tranquila, cerca de la naturaleza y lejos del bullicioso concreto. Esta vida tranquila se ve amenazada, sin embargo, por el expansionismo organizado. Conservar la tranquilidad de la vida en los bosques siempre verdes es reducción consciente de nuestro gasto, es preferencia por consumir productos locales, es autosuficiencia en comunidad, es decisión descentralizada, es desobediencia.

 

Andreas Aron Winkler
Andreas Aron WinklerColumnista Diario Puerto Varas
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