Las últimas cifras presentadas por el INE muestran un claro estancamiento de la creación de empleo, lo que viene a aportar un dato más a las diversas señales que apuntan a que Chile podría entrar en una recesión económica.

Columna de opinión
02.12.2022
Por Fernando Vega
Ingeniero Comercial UC
Doctor en Economía de la Universidad Tor Vergata

Los números plantean un estancamiento en la creación de empleos. La cifra del trimestre agosto-octubre fue de 412.810 puestos de trabajo, menor a los 498.300 empleos que se crearon en doce meses en el trimestre julio-septiembre.

Si decidiéramos mirar exclusivamente las cifras de este año podríamos cometer el error de tener una tibia felicidad. No sólo seguimos muy por debajo de la empleabilidad prepandemia, sino que una porción importante de los empleos que se están creando se hallan en plena informalidad. No sólo está sufriendo nuestra capacidad generadora de empleo sino también las condiciones en que este se ofrece.

Esto conlleva a un análisis más concienzudo acerca de nuestro futuro. Si bien hay un efecto propio de la ecónoma global, que ya se ha declarado en una recesión técnica, es iluso pensar que Chile será una excepción. Si a eso le sumamos la poca confianza que las políticas locales generan para los inversores externos, la suma no es auspiciadora y nos lleva a un escenario un tanto oscuro.

¿Y nuestra región? Los efectos de esta desaceleración en nuestra economía regional pueden ser distintos, producto de la estacionalidad laboral del sector agrícola. Sin embargo, una vez finalizada dicha estacionalidad, para nuestra región el panorama puede ser aún más vertiginoso, pues la creación de empleos en nuestra región siempre ha estado relacionada a ese sector productivo y hoy por hoy es uno de los más afectados debido a la caída de mercados externos que han llevado a una subida inigualable de los precios de los insumos.

En mi opinión es imperante crear nuevas confianzas en nuestros mercados para poder lograr un incentivo a la inversión extranjera. Lo anterior requiere estabilidad política, que por ahora se ve bastante lejana. Abrirnos a la creación de sistemas de incentivos, como concesiones y exenciones, es fundamental. En cuanto a nuestra región, es clave la innovación de sectores económicos menos frecuentes, como el turismo, para el cual tenemos el potencial idóneo para que este llegue a ser una industria de mayor relevancia y una de las más importantes. Pase lo que pase, hay que prepararse y pronto, porque al parecer viene un invierno económico, uno más frío del que estamos acostumbrados.