Por las pueblerinas calles de Puerto Varas corre un Ferrari hecho en Italia evaluado en $200 millones de pesos. Según el informe “Los salarios reales de Chile” de Fundación Sol, el salario promedio de los trabajadores y trabajadoras en nuestro país es de $350 mil pesos mensuales. Este trabajador o trabajadora promedio debiera trabajar más de 45 años, solo para poder costear esta lujosa forma de transportarse.

Por otra parte, el salario mínimo mensual está fijado, durante el 2018, en $220 mil pesos líquidos, lo cual es 37 veces menos que la dieta parlamentaria. El informe “Trabajadores ganando el salario mínimo” en base a datos de la encuesta Casen del 2013, de Fundación Sol, concluye que más de 1 millón de trabajadores y trabajadoras tiene este ingreso. Ellos debieran trabajar más de 75 años ¡1,5 vidas laborales!, solo para costear semejante despilfarro de recursos.

Asimismo nuestro sistema de organización no solo permite tal aberrante inequidad, tan brutal malgasto y violento exceso. Además, lo promueve. Idolatramos el exceso en vez de frenar su inmoralidad. Enajenados, asociamos la capacidad de gastar con exitoso bienestar, como plantea fríamente la publicidad de la maquinaria piramidal. Su estructura de asignación de recursos es eficiente económicamente, mas una quimera social y ecológica. Concentra el poder en cada vez menos personas generando un exceso ocioso, mientras que consume recursos cada vez más escasos.

En definitiva, es este exceso el que mantiene al planeta por sobre sus límites regenerativos: Solo este auto cuesta el soporte de una vida; la casa donde se estaciona, probablemente otras varias. El dueño de aquel carruaje no es culpable, duerme acurrucado en un escalón de la pirámide, al igual que todos, buscando la felicidad y escapando del sufrimiento, sumergido en en el terror que le produce la inseguridad.

James Barret Columnista Diario Puerto Varas, economista
aaron@fen.uchile.cl