Columna de opinión
Por Danilo Bize Arias
Hoy la crisis social y política nos entrega la oportunidad de construir una nueva experiencia de vivir en nuestro país. Podemos optar por ver el horizonte más allá de la contingencia, y aceptar la misión de contribuir a un lugar mejor en el largo plazo – no solo para nosotros, sino también para las generaciones que vengan. Esta es también una oportunidad para reflexionar sobre nuestra contribución, por acción u omisión, a la crisis actual. Y es, sobre todo, una oportunidad para desplegar nuestra generosidad y ayudar a construir a ese lugar mejor para todos.
Cualquiera haya sido tu tendencia política hasta ahora, me gustaría proponerte algo. Hagamos el ejercicio juntos de considerar, ante todo, a las personas como el centro y el motor de esta transformación. Esto nos habilitará para que seamos capaces de abrir la mirada, y que la tendencia política que se pudo haber fijado en nosotros durante décadas anteriores, quede en segundo plano.
La idea de este ejercicio es simple. Los modelos económicos o sociales son herramientas, y cuando se vuelven obsoletos o disfuncionales es nuestra responsabilidad renovarlos. Por otro lado, es posible observar que la mayor parte de las ideas políticas que conocemos hoy se han mantenido estáticas por mucho tiempo. En el caso de Chile, una de las razones es la cicatriz emocional y las ideas que grabó la dictadura en nuestro país – lo que hoy nos toca sanar en medio de esta crisis. Otra razón importante es el siempre disponible dinero de unos pocos para financiar a los grupos políticos establecidos, a través del financiamiento de partidos políticos, campañas políticas, o derechamente corrupción, manteniendo estas ideas por más tiempo del que resulta saludable. Por esto, quiero compartir mi visión de cómo el modelo actual contribuyó a la crisis que estamos viviendo, y algunas ideas para avanzar y elevar nuestras decisiones políticas.
En las últimas décadas, Chile surgió económicamente en gran medida privatizando servicios básicos. Me atrevo a decir que por un tiempo todos nos beneficiamos de la inversión, el trabajo, y las mejoras en infraestructura que este proceso trajo. Sin embargo, esa sensación de progreso se fue diluyendo a medida que la suma de las cuentas de todos los servicios privatizados comenzó a subir, tomando gran parte de los ingresos familiares básicos. Quienes invirtieron en comprar esos servicios lo hicieron para hacer crecer un negocio, y era esperable que los precios comenzaran a subir. Hoy la privatización es tan rentable que parte de la clase política tiene participación directa o indirecta en estas empresas.
Por otra parte, nuestra economía siguió la senda latinoamericana dependiendo fuertemente de unos pocos conglomerados de empresas, en su mayoría dedicadas a la extracción de recursos naturales, y más recientemente a la venta productos básicos (ropa, fármacos, abarrotes, etc.). El modelo financiero generó dinamismo y nuevas posibilidades, contribuyendo acelerar el proceso hasta límites insostenibles para una buena parte del país. Después de un periodo de crecimiento económico, el resultado es una experiencia donde la mayoría de los ciudadanos son empleados y gastan gran parte del dinero en pagar cuentas, muchas veces pactando y re-pactando créditos de consumo para llegar a fin de mes, sintiéndose lejos de ser una parte integrada del desarrollo del país.
¿Cómo se puede mejorar la situación de Chile? La propuesta que tengo es poner a las personas al centro del desarrollo económico y social. Un antiguo ejemplo es Estados Unidos, un país que aprendió tempranamente a habilitar a sus habitantes a levantar y escalar negocios, atrayendo capital humano de todo el mundo para hacerlo. Países como Suecia o Finlandia lo hicieron educando y generando una industria dependiente del conocimiento. En ambos casos las personas se convirtieron en el motor; las personas son quienes generan la riqueza. Esa diferencia mejora la capacidad de negociación de los empleados en una economía para mantener sueldos moviéndose junto al desarrollo económico. La mano de obra no calificada deja de ser la única opción para muchos, por lo que también sube su valor.
Estas ideas pretenden ser un ejercicio para estimular tu propio análisis. No estoy abordando las cosas que un país podría querer garantizar, como salud, una educación más amplia (por ejemplo, no solo en ciencias o áreas productivas), o el cuidado del medioambiente, etc., lo que es otra parte esencial de esta mirada hacia el futuro. Lo que quiero hacer compartiendo estas ideas contigo es proponerte que, cualquiera sea la visión de futuro que elijas apoyar o desarrollar, consideres poner a las personas al centro, para que nunca más alguien se quede atrás. Sobre todo, cuando llegue el momento de votar y elegir a nuestros representantes, porque cualquier cambio necesitará líderes políticos dispuestos evolucionar más rápido que lo que logramos hacerlo en el pasado.
Para cerrar este artículo, te quiero compartir tres ideas que podrían estimular tu creatividad y elevar tus decisiones políticas. La primera idea es conectar con tu comunidad. Puedes preguntarle a algún emprendedor local, alguna profesora de una escuela pública, o en algún hogar de ancianos o de niños cómo ayudar. Utiliza lo que aprendas con esa experiencia para apoyar al menos una idea que no pertenezca a tu sector político tradicional, y comparte esa idea con tu círculo más cercano.
La segunda idea es cuidar tu tiempo y energía, que es lo más valioso. Un ejemplo para este punto sería si un partido político extremista (ponle nombre) dice o hace algo te parece inconsecuente, resiste la tentación de compartir un mensaje cargado de odio. Usa ese tiempo y energía en compartir tu trabajo y lo que desees para mejorar algo en tu comunidad, explicando porque es relevante para ti. La energía positiva es contagiosa.
Y la última idea es cuida que tu voto no se diluya. Desde nuestros concejales hasta el presidente de la república, fueron elegidos para representar el interés de la ciudadanía. Sin embargo, hemos visto en nuestro país que es común que reciban financiamiento para sus partidos políticos y campañas electorales con dinero que viene directa o indirectamente de los mismos conglomerados que tienen el poder económico. Averigua quién financia a tu partido político o candidato, y descártalo si su financiamiento no representa tu voto, o si ha estado involucrado en corrupción.
Espero que estas ideas te inspiren, para que juntos sigamos haciendo el ejercicio de pensar y construir ese mejor país que deseamos todos.