Nuestra segunda vida comienza cuando nos damos cuenta que solo tenemos una”, leí en un meme en Internet. Al parecer lo dijo Confucio. Lo destacable de la frase, a mi entender, es la priorización que le da a la percepción como gatillante de un gran cambio en nuestras vidas.

Humberto Maturana concluye en “Biología de la Cognición” que lo que consideramos realidad depende completamente de la percepción individual del observador. A la misma conclusión llegaron en el campo de la filosofía, los estoicos griegos, que fueron seguidos por Descartes, Kant, Hegel, Heidegger, Nietzsche, entre otros, y en el de la espiritualidad por hinduistas, budistas y taoístas.

Han escuchado la famosa ¿pienso, luego existo? Bueno, de esto se trata. Por mucho tiempo hemos estado dominados por la idea de que hay algo externo a nosotros que determina nuestra realidad. Creemos que nuestra percepción del mundo depende de nuestra historia social, familiar y personal (incluyendo aspectos bilógicos en esta última).

Pero lo cierto es que cada uno de nosotros es capaz de construir su propia realidad. La percepción sobre las cosas y las experiencias nos hace diferenciarla en buenas y malas, correcto, incorrecto, pero ¿quién define qué es bueno y malo? ¿Correcto o incorrecto? ¿Frío o calor? ¿Tangananica o Tangananá? ¿Quién tiene la razón? Todos. ¿Cuál es la verdad? La de todos. Toda verdad es verdad, que es lo mismo que decir que no hay verdad absoluta.

No es tolerable la imposición de pensamientos ante la excusa de que es la verdad. La realidad que cada uno de nosotros percibe es válida y legítima, pero al mismo tiempo una ilusión. Porque, ¿cómo puede ser la realidad algo concreto, cuando un cambio de percepción hace verla diferente? ¿Cómo puede ser una opinión algo sustancial, si una misma canción es despreciada por unos y entonada por otros? ¿Cómo podría ser el sufrimiento algo real, si el mismo agravio es dolor para los unos y una banalidad para los otros?

Cómo vemos y sentimos depende de nuestra percepción la cual cambia ante procesos de reflexión, contemplación, aprendizaje, y las diversas experiencias del tiempo. Lo hermoso del asunto es que de nuestra percepción todo depende, lo que resulta profundamente liberador. En esta libertad consciente se desenvuelve nuestra segunda vida, una segunda vida en la que somos nosotros los creadores de nuestra propia realidad.

 Andreas Aron Winkler
Andreas Aron WinklerColumnista Diario Puerto Varas
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