“Crecí en un entorno de valores trastocados y, luego de caer por primera vez tras el robo de un vehículo, la cárcel fue una escuela”, explica Juan, ex interno penitenciario chileno. Las cárceles mantienen un grupo relativamente homogéneo en términos de educación y empleo. Algo que está lejos de azaroso porque expresa condiciones de exclusión social anteriores a la cárcel. ¿En Chile se encarcela la pobreza?

09.11.2022
Por Constanza Hitschfeld
Periodista

Las cárceles chilenas poseen altas tasas de población penal, hacinamiento persistente y aumento exponencial de los costos. Lo que ha conllevado a la saturación del sistema y a una administración centrada en la custodia de las personas privadas de libertad por sobre su reinserción social.

La delincuencia es la principal preocupación de la población chilena durante la última década. Este año los delitos violentos experimentaron un alza sostenida con la llegada de bandas de crimen organizado provenientes de México, Colombia y Venezuela. La demanda por mayor seguridad tiene como respuesta una política penal que enfatiza el carácter punitivo del sistema penintenciario.

Entrevista con un ex interno penitenciario

Como muchas personas que hoy habitan las cárceles chilenas Juan reincidió varias veces. En 1994 con 20 años de edad fue recluido por primera vez por el robo de un vehículo. “Prácticamente al llegar a la cárcel uno se da cuenta que tiene que llenarse de corazas, cambiar comportamientos y formas de hablar, para poder sobrevivir”, explicó.

¿Cuántos años estuviste interno en una cárcel?

“La primera vez que estuve interno en una cárcel chilena fueron tres meses, luego seis y un año. Pero el mayor tiempo fue la cuarta vez que recaí, desde el año 2000 hasta el 2012. Recorrí prácticamente todos los sectores del recinto, algunos lugares eran más tranquilos y otros mucho más agresivos. El nivel de hacinamiento lo regulaban los internos, no Gendarmería de Chile. Me di cuenta que tenía que salir del sector de mayor hacinamiento porque temía por mi vida”.

¿Es posible cambiar pensamientos, comportamientos y dejar la vida delictual?

“Mi reflexión comenzó en el año 2002. Años anteriores no estaba ni ahí con cambiar, como se dice. Esto es personal porque estaba condenado a mucho tiempo y aún joven, sin hijos, ni familia, decidí ser responsable conmigo mismo. Decidí cambiar y alejarme de todo lo vivido en el pasado”.

¿Qué significa para ti Calcuta Cárceles UC?

“En Calcuta Cárceles UC participé en talleres donde aprendí a reflexionar sobre la solidaridad y sobre hacer lo correcto, que es hacer el camino largo, sin atajos, ni trampas”.

Calcuta Cárceles es un programa de acompañamiento a personas privadas de libertad reconociendo la dignidad propia de los humanos. Esto se lleva a cabo mediante la realización de diferentes actividades formativas y recreativas para acercarnos al sufrimiento que se vive en los centros penales.

“Me impactó que estudiantes, gente con familia y responsabilidades, entregue parte de su tiempo a los internos de la cárcel sin pedir nada a cambio y sin preguntar por nuestro pasado. No es que te vienen a vender algo, sino que simplemente a acompañar y eso generó reflexión en mí. Inmediatamente uno comienza a reflexionar sobre el hacer cosas por los demás sin pedir nada a cambio. El mensaje lo entregan con el simple hecho de acompañar”.

¿Qué te hizo cambiar?

“No es que me acosté un día como delincuente y al día siguiente me rehabilité. Me di cuenta que tenía que cambiar mi concepción de delito. Al interior de la cárcel, uno se auto engaña y se justifica por lo injusta que es la sociedad, sabiendo que es algo incorrecto, porque hay gente que crece en un entorno precario pero no comete delito”.

¿Por qué crees que cometiste delito?

“Creo que fue una reacción en cadena. Crecí en un entorno de valores trastocados. Y luego de caer por primera vez, tras el robo de un vehículo, la cárcel fue una escuela. Llegué muy joven y me adapté al mundo penitenciario, siendo primerizo en un lugar donde los más avezados (con mayor experiencia en delito) nos hicieron la vida más llevadera y sutilmente nos ayudaron, entre comillas. Ellos tramitaron mi traslado a un sector de mayor riesgo donde conocí por primera vez la verdadera maldad. Y ahí fue como una bola de nieve porque cuando uno es joven busca modelos, afectos y pertenecer. Dicho sistema sirve como protección pero a la vez fomenta el delito”.

¿Cuál es tu reflexión sobre la delincuencia según tu experiencia?

“La sociedad está muy enfocada en la competencia y el consumo, cuando hablamos de la delincuencia, hablamos del residuo de la sociedad de alguna manera. La enfermedad tiene un origen y síntomas. Estoy en contra de los discursos que dicen que se encarcela la pobreza, pero una sociedad llena de descalificaciones e insultos, que valora la mentira y la pillería para obtener mejores puestos de trabajo, por ejemplo, tiene una consecuencia que la podemos encontrar al interior de las cárceles”.

Las características demográficas y sociales de las personas privadas de libertad dan cuenta de un grupo relativamente homogéneo en términos de educación y empleo, con indicadores sociales y educacionales por debajo de la media del país. Dicha homogeneidad, lejos de ser azarosa, expresa condiciones de exclusión social anteriores a la cárcel, fenómeno que define la existencia de grupos que se encuentran fuera o solo parcialmente incluidos en instituciones sociales y derechos como la educación, trabajo, salud y participación ciudadana