En Puerto Varas durante la década de los 90 era frecuente ver a las hermanas Apel pasear por el centro de la ciudad, quienes saludaban cordialmente a todos los vecinos que se les acercaban. Siempre juntas, alegres y cordiales. Fueron las reinas del extinto Festival de la Lluvia en 2011.

09.07.2021

Esther Apel nació en Sajonia, Alemania el año 1922. El próximo año iba a cumplir 100 años, pero murió este miércoles, dos días antes de cumplir 99. Su amiga Magdalena Heim la definió como un ser humano excepcional y fuera de serie. Mujer fuerte y bondadosa que dedicó su vida a enseñar a niños en el Colegio Alemán de Puerto Varas.

Magdalena Heim la conoció hace más de 50 años porque su madre fue colega de ella en el colegio y ambas nacieron en el mismo estado alemán. Esther Apel se desempeñó como parvularia en el establecimiento. Recibió a sus estudiantes como si fueran sus hijos.

Amante de la repostería y piadosa de dios, fue un miembro fiel del grupo luterano llamado “Comunidad del Sur”.

“Ella me acogió cuando murió mi madre. Me dijo: mira, tú perdiste a tu madre y yo nunca tuve hijos. Por eso me acerqué tanto a ella”, recordó Magdalena Heim. También rememoró que: “toda la comuna de Puerto Varas la conocía como la tante Esther. Era un apelativo cariñoso que incluso los chilenos utilizaban para referirse a ella”.

La definió como un ser carismático y muy especial. Misionera a su manera. Magdalena Heim contó que: “todos la conocían y la recuerdan por su forma especial de ser. Era muy cariñosa, alegre, amable, serena y piadosa. Cien por ciento cristiana. Bondadosa y caritativa”.

Añadió que a Esther Apel le gustaba la jardinería y que mantenía un huerto en su casa. Luego de orar después del desayuno ella se iba a su jardín en su casa ubicada en Eleuterio Ramirez. Los vecinos le compraban verduras y frutas. El chucrut de la familia Apel era muy conocido.

Llegó a trabajar al Colegio Alemán. En esos años estaba recién empezando el jardín de niños, el kindergarten, y la tante Esther pasó a ser parvularia. Formó a sus niños en la fe cristiana. Fue cariñosa pero también estricta con ellos.

Nunca se casó, pero tenía a sus chiquitos, sus hijos. “Cuando la encontraban en la calle la abrazaban y ya sus chiquitos habían crecido y ya eran papás, otros eran abuelos”. Le llevaban a sus propios hijos y le decían: “esta tante fue mi parvularia”. “Tenía sobrinos, sobrinos nietos. Llegó a tener sobrinos bisnietos. Era como una segunda madre para todos esos chicos”.

Junto a su hermana Úrsula, la eligieron reina del Festival de la Lluvia de Puerto Varas. Años después tuvo que ingresar al hogar de ancianos de Osorno porque había muerto la tante Úrsula, con la que compartían casa. Ahí, en el primer año la eligieron reina. “Tenía ese algo que tú no puedes adquirir en un colegio ni lo puedes comprar. O naces con eso o no lo tienes”. También recordó que era muy parecida a su madre, “carismática en un mil por ciento. A la tante le encantaba cantar”, finalizó.