Por allá por 1848, predecían Marx y Engels que “la solidaridad es favorecida por el acrecentamiento de los medios de comunicación”. Sin prejuicios, releamos la frase “la solidaridad es favorecida por el acrecentamiento de los medios de comunicación”. Un repaso a la historia en perspectiva nos hace pensar que así es.
Primero fue el lenguaje, luego la escritura. Avanzamos con la imprenta, y ahora, en la historia presente de la humanidad, es el internet quien posibilita una nueva revolución en nuestro sistema de comunicación. La masificación del internet es tan relevante que ella trae consigo, incluso, una disrupción generacional nunca antes vista. Cada día nos comparten y compartimos información que, sumada en sus partes, dan cuenta de un estado complejo de la situación humanitaria y ecológica, por decir lo menos.
Sabemos, pues, que la sobreexplotación de la naturaleza, alimentada por la sociedad de consumo y preparada por la globalización del libre comercio, han llevado a nuestro planeta a un punto de quiebre manifestado en diferentes indicadores ecológicos.
El Informe Planeta Vivo 2016 del Fondo Mundial para la Naturaleza calcula que “necesitaríamos la capacidad regenerativa de 1,6 planetas Tierra para brindar los servicios ecológicos que usamos cada año. El exceso ecológico es posible, por ahora, porque podemos talar árboles a mayor velocidad que el tiempo que requieren madurar; pescar más peces de los que los océanos pueden reponer, o emitir más carbono a la atmósfera de lo que los bosques y océanos pueden absorber”. Por ahora es la clave, porque, de mantener esta tendencia en el consumo de recursos naturales, para el 2050 necesitaríamos la capacidad regenerativa de 2,5 planetas. El crecimiento inorgánico y desmedido de la humanidad no ha considerado la restricción material que nos limita en este, nuestro sistema cerrado al que llamamos Tierra.
La acción humana que divide, depreda, deforesta y contamina diversos ecosistemas ha eliminado al 58% de los animales vertebrados en los últimos 40 años, y la tendencia investigada por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) prevé que para el año 2020 habremos reducido hasta el 67% de la biodiversidad. Por su parte, el estudio “La Nueva Economía del Plástico” de Ellen MacArthur Foundation presentado en el Foro Económico Mundial del 2016, señala que, de seguir el ritmo de contaminación de los océanos, para el 2050 habrá más plástico que peces en el mar. Actualmente, existen islas de micropartículas de plástico de una extensión igual a México, que se concentran producto de las corrientes en el Pacífico sur, como ha descubierto la Algalita Marine Research Foundation. Basta evidencia de la destrucción que la humanidad está provocando al medio a tasa creciente desde la industrialización; ha pasado del papel académico a la vista de todo quien contempla el entorno.
Pero eso no es todo. En nuestro sistema limitado y cerrado, en el que se desarrolla nuestra historia, coexisten la sobreexplotación de los recursos del bien público común con una distribución inequitativa tal, que clama desobediencia. La globalización del libre comercio pavimentó las vías de la concentración desde la periferia al núcleo del capital, logrando ridículos indicadores para una sociedad que se hace llamar a sí misma civilizada.
El informe “Una Economía para el 99%” de OXFAM, 2017, recopila una serie de nefastos datos:
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Desde el 2015, el 1% más rico del planeta posee más que el restante 99%
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8 hombres tienen los mismos recursos que 3.600 millones, es decir, la mitad de la población mundial
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1.810 millonarios de la revista Forbes concentran en conjunto los mismos recursos que el 70% más pobre
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En 2015, las 10 trasnacionales más grandes del mundo obtuvieron una facturación mayor al PIB de 180 países sumados
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Los ingresos del 1% más rico se han incrementado 182 veces más que los del 10% más pobre
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Los ingresos del 50% más pobre de Estados Unidos se han congelado en los últimos 30 años, mientras que los del 1% han aumentado 300%
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El 1% más rico se llevó el 82% de la riqueza generada en 2017, monto que alcanza para eliminar la pobreza 7 veces en el mundo.
En su libro No Logo, la politóloga Naomi Klein (La Doctrina del Shock), afirma que en un año, Michael Eisner, ejecutivo de Disney recibe por medio de bonos en un año, lo suficiente para mantener por 14 años a los 19 mil obreros y obreras haitianas (y a sus familias) que trabajan en la firma estadounidense. Al extremo sur del continente americano, Fundación Sol comparte en redes sociales:
“¿Sabías que en Chile, la desigualdad de ingresos es tan grande que mientras la mitad de los trabajadores y trabajadoras ganan menos de 350.000 pesos mensuales, existen 1.800 personas correspondientes al 0,01% más rico del país que tienen un ingreso per cápita que supera los 576 millones de pesos al mes?” Dicho de otro modo, el ingreso sumado del 0,01% más rico del país, equivale al salario mensual de casi 3 millones de trabajadores y trabajadoras chilenos y chilenas promedio.
A nivel planetario, ambas cuestiones, la ecológica y social tienen como protagonistas al 1% más rico, que posee la capacidad de gasto del restante 99%. Y así es como “el 1% más rico de la población mundial emite 175 veces más carbono a la atmósfera que el 10% más pobre”, afirmó Oxfam el 2015 ante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. El exceso producto de la sobreexplotación de la Tierra se concentra en pocas manos. El corazón de nuestro sistema de organización social, el crecimiento de la explotación de los recursos y la libertad de operación del capital concentrado, como objetivo último, es la raíz de esta, la cuestión ecosocial.