Mientras se discute arduamente el Cuarto Retiro, la desesperanza de la ciudadanía se hace carne al ver que se dilata una posibilidad cierta para varias familias de nuestra población de paliar la crisis que dejó la pandemia, que al parecer comienza de nuevo (La Región Metropolitana retrocede a fase 3), pero ¿qué esconde el Cuarto Retiro? Un sistema previsional que no es tal y que a las que más ha castigado es a las mujeres. ¿Por qué? Porque históricamente las mujeres han ganado un salario del 50% menos que los hombres (hasta hace 10 años) y un 30% menos en la actualidad, de ahí el lema ¡a igual pega igual paga!.

Columna de opinión
28.10.2021
Por Ana González
Presidenta ONG Lideracción, miembro Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres

Por obvio que parezca, esta discriminación económica histórica se ha traducido en menores ahorros y capitalización para las mujeres, si el sistema de pensiones ficticio que vivimos hereda pensiones miserables a los hombres, son más miserables aún para las mujeres.

Como si no bastara esta precarización, a su vez ocurre otra de mayor envergadura, las mujeres que han castigado sus vidas profesionales por ejercer labores del hogar, las llamadas dueñas de casa, representan en nuestra sociedad moderna, la esclavitud encubierta de amor, al realizar el trabajo más importante para la comunidad, para la cohesión social, para el bienestar común absolutamente gratis, sin salario, vacaciones ni descansos. De ahí la importancia de discutir en profundidad la justicia social y económica que implica que las mujeres dueñas de casa reciban un salario y retribución justa, que además representa también autonomía. En cifras de la Red Chilena el 70% de las mujeres que sufren violencia no abandonan a su agresor por la dependencia económica.

Si de autonomía, derechos humanos y equidad se trata, la Nueva Constitución debe garantizar un sistema de protección social con enfoque de género, en cuanto a pensiones, incluyendo una reparación histórica a la discriminación económica salarial y por cierto un reconocimiento remunerado a la labor de cuidados (que ejercen mayoritariamente las mujeres) y de trabajo doméstico.

Quiero finalizar con una potente reflexión de la Constituyente más joven del país, Valentina Miranda, en su discurso de inicio de la redacción de la Nueva Constitución hace pocos días… “estoy acá por todas las mujeres pobres, jóvenes y disidentes, por mi abuela a la que la dictadura le quitó la alegría y el sistema de pensiones la dejó en la calle, para que esto cambie, para que tengamos y construyamos futuro”.

Hoy ya  no podemos imaginarnos un país que excluya a las mayorías, que abandone y deje fuera a miles en nuestra Región, son tiempos de esperanza, de equidad y futuro con nosotras, con todas y todes. Es tiempo ya de humildad y desarrollo a escala humana otro mundo siempre, siempre será posible.