Liderazgo femenino impulsa una transformación del turismo en Magallanes, donde empresarias y dirigentas promueven un modelo basado en identidad local, colaboración y conservación del patrimonio. Desde hoteles y estancias hasta asociaciones gremiales, las mujeres ganan espacios de decisión y fortalecen economías locales. Sus protagonistas plantean que el desafío es avanzar hacia experiencias integradas, sustentables y conectadas con las comunidades.

18.08.2026
Por Gabriel Bahamondes

Hay un lugar en Chile donde el paisaje siempre se lleva todos los aplausos: los fiordos, los glaciares, el viento que dobla los árboles hasta darles forma de bandera. Pero hace un tiempo que en Magallanes está pasando otra cosa, más silenciosa, menos fotografiada, y probablemente igual de importante que cualquier atardecer en Torres del Paine: son las mujeres quienes están rediseñando, casa por casa y estancia por estancia, la forma en que esta región recibe al mundo.

Liderazgo femenino 

No es una moda ni un eslogan de marketing. Es un movimiento real, con nombre y apellido, que va de la administración de hoteles patrimoniales a la conducción de gremios completos y que está cambiando las reglas de un negocio que durante décadas, se contó casi siempre con voz masculina.

“El turismo es una industria de la acogida”: es el diagnóstico de Verónica Pardo. Ella lo ha visto de cerca y como ex subsecretaria de turismo, tiene la ventaja del que mira el bosque completo y no solo un árbol. “La presencia de mujeres siempre ha sido importante en la industria turística, pero hoy vemos a muchas más ocupando espacios de decisión, dirigiendo gremios y participando en la toma de decisiones”, afirma.

Empatía y acogida 

Su tesis es simple y potente: el turismo es, en el fondo, “una industria de la acogida y la empatía”, y ahí las competencias asociadas al liderazgo femenino no son un detalle simpático, son una ventaja competitiva real que se nota tanto en la experiencia del visitante como en el desarrollo de las comunidades que lo reciben.

Cuando el negocio también es memoria

Para Pardo, muchas mujeres desarrollan iniciativas turísticas no solo como una fuente de ingresos, sino también como una forma de preservar conocimientos, costumbres y tradiciones que podrían perderse con el tiempo. “Las mujeres propagamos costumbres, lengua, cultura e identidad. Eso es precisamente lo que termina plasmándose en el desarrollo de los territorios”, cuenta

Hay algo que se repite, casi como un ADN compartido, entre las mujeres que hoy lideran el turismo magallánico: no separan el negocio de la identidad. Alejandra Solo de Zaldívar, gerente de Estancia Río de los Ciervos, lo resume así: “Mi objetivo siempre ha sido mostrar Magallanes desde una mirada auténtica, poniendo en valor nuestra cultura y ofreciendo experiencias memorables para quienes nos visitan”.

Traducido: no vende una habitación con vista, vende patrimonio, gastronomía e historia regional en un mismo plato. Y no lo hace sola, trabaja codo a codo con productores, artesanos y emprendedores locales, fortaleciendo una economía que muchas veces queda invisible detrás de la postal. Según explica, “las mujeres suelen aportar una visión cercana, colaborativa y orientada a la calidad de la experiencia, fortaleciendo además las economías locales mediante el trabajo conjunto”.

Conservación Patrimonio cultural 

El liderazgo femenino también aparece asociado a la conservación del patrimonio natural y cultural. En una región reconocida internacionalmente por su biodiversidad y paisajes únicos, esta mirada adquiere especial relevancia. Solo de Zaldívar sostiene que proteger la historia y el entorno es parte inseparable de la actividad turística. “Buscamos promover un turismo responsable que valore el paisaje, la fauna y la identidad de Magallanes, entendiendo que estos recursos son la base del desarrollo turístico de la región”.

Una red que no para de crecer

Si esto fuera solo un par de casos aislados sería una linda anécdota. Pero no lo es. Sara Adema, gerente de la Asociación de Hoteles y Servicios Turísticos de Torres del Paine (HYST), tiene vista panorámica del gremio completo, y lo que ve es una tendencia consolidada, no un brote pasajero:

“Cada vez vemos más mujeres liderando hoteles, emprendimientos turísticos, asociaciones gremiales y equipos de trabajo. Hoy no solo participan, sino que también están impulsando nuevas formas de hacer turismo, con una mirada colaborativa, innovadora y muy conectada con el territorio”, afirma.

Ademas asegura que existe una generación de emprendedoras que está fortaleciendo el turismo regional mediante redes de colaboración, innovación y una visión de largo plazo. “Hoy existe una red de mujeres que está aportando con innovación, colaboración y una mirada sostenible para el desarrollo turístico de Magallanes”, agrega.

¿Qué falta resolver? 

Sería fácil cerrar esta historia con un lindo atardecer de fondo. Pero la realidad es más terca que eso. Las mismas protagonistas son las primeras en nombrar lo que falta resolver: estacionalidad del turismo, el acceso al financiamiento, la conectividad regional y la necesidad de fortalecer el trabajo conjunto entre los distintos actores del territorio.

Verónica Pardo plantea que el gran desafío del turismo chileno consiste en integrar las distintas experiencias que existen en cada territorio. “Las ofertas gastronómicas, culturales, patrimoniales y deportivas deben conversar entre sí. El desafío es construir experiencias integradas que permitan mostrar cada territorio como un todo”, concluye.

Sara Adema agrega una capa más, la que rara vez aparece en los reportes de gestión: “muchas emprendedoras deben compatibilizar sus proyectos con responsabilidades familiares, y en algunos casos, seguir demostrando sus capacidades en espacios que históricamente fueron territorio masculino”.

Torres del Paine

Al final, la transformación del turismo en Magallanes ya no se mide únicamente en cifras de visitantes o en la próxima apertura de un hotel. Se mide, sobre todo, en la forma en que estas mujeres están reescribiendo las reglas: poniendo la identidad local, el patrimonio y la colaboración en el centro de un negocio que durante mucho tiempo solo miró el paisaje. Y quizás esa sea la postal más importante que Magallanes tiene para mostrarle al resto del país: que el fin del mundo, hoy, también tiene nombre de mujer.

Diario Puerto Varas