La crisis que arrastra la educación pública lleva muchos años. Factores como la desigualdad, las brechas educativas y la calidad de la enseñanza fueron algunos puntos centrales en el debate nacional, los cuales pretendían proponer remediales para subsanar aquellas falencias que debilitaban la educación pública de nuestro país.
Columna de opinión
28.07.2027
Por Nadia Garcés
Encargada de Convivencia Escolar
Lamentablemente, no hubo subsanaciones significativas al respecto, arrastrando hasta el día de hoy estas problemáticas que se juntan con nuevas emergencias educativas. La violencia escolar, las brechas agudizadas por la pandemia, el ausentismo crónico y la crisis emocional, social y cultural de las nuevas generaciones han debilitado no solo los niveles de aprendizaje, sino también el encanto por educar en muchos profesores y profesoras.
Muchos docentes han decidido desertar a raíz de la complejidad que vive la educación. Así lo expresa muy bien la columna “colgué el delantal” publicada hace algunos meses en La Tercera, donde una profesora de historia cuenta su experiencia desalentadora como docente. Lo que hace que esta experiencia sea ejemplificadora es que la profesora decidió dar un paso al costado. A diferencia de muchos otros profesionales, especialmente aquellos que trabajan en el sistema público, esta docente fue capaz de tomar decisiones con valentía, profesionalismo y coherencia.
En la actualidad, una cantidad importante de profesores y profesoras trabajan en un sistema que critican constantemente. Muchos de ellos viven expresando su malestar y disconformidad con el sistema y los estudiantes, pero muy pocos son capaces de aportar con ideas inspiradoras y constructivas. Por el contrario, prefieren el camino de la destrucción, la crítica y la victimización, desarrollando un ambiente laboral hostil y poco alentador para las nuevas generaciones de profesionales.
Ojalá algún día se observen bajo la lupa de la autocrítica y decidan valientemente, al igual que la profesora de historia, colgar el delantal. Porque lo cierto es que existe una crisis educativa de la nadie habla, pero de la cual muchos somos testigos día a día: el desencanto por educar.