Comienzo recordando la salsa de Rubén Blades “desaparecidos” en ella se preguntaba dónde van las desaparecidas y por qué es que se desaparecen, respondiendo porque no todos somos iguales. Música popular, con sabias palabras, que nos llevan a pensar en los recientes hechos del asesinato del camionero en Iquique y los bloqueos y paros de camiones (ellos se hicieron sentir). Pero también recuerdo que hace semanas en la “Moneda chica” víctimas de la delincuencia entregaban petitorio al Presidente Gabriel Boric, y les cuento además que existe un organización de madres y padres de mujeres desaparecidas que ya son cientos en estos 20 años.

Columna de opinión
21.02.2022
Por Ana González
Presidenta ONG Lideracción, miembro Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres

Claudia Agüero, dónde fuiste y por qué desapareciste. El acto de desaparición debe ser uno de los actos misóginos más brutales que existen, deshumanizas a la persona, intentas quitarle su humanidad y condenas a las familias a un dolor y búsqueda que no termina nunca.

Es evidente que la violencia es la que ha aumentado, esa violencia que es producto de un delicado hilo de intolerancia, efectivamente como lo dice la canción de Rubén Blades, las personas desaparecen porque no todas somos iguales, frente a la Ley y frente a la vida. Cuando no somos iguales frente a la Ley es cuando nos sometemos al círculo infinito de la impunidad, cuando no entendemos que frente a la vida somos todas diversas, tenemos derechos a eso, pero somos iguales frente a la Ley.

Quise traer las desapariciones de mujeres y ligarlo a la muerte del camionero, para mostrar una realidad y origen que desaparece cuando es populismo lo que se trae a la luz. No me resulta insignificante la muerte de un ser humano, pero creer que esa muerte es única y merece justicia como única, sería invisibilizar a las cientos de mujeres asesinadas que jamás encontramos, a las víctimas de delincuencia producto de los narcos en nuestras poblaciones. A las niñas y niños que viven bajo el yugo del narcotráfico, a las miles de las migrantes y chilenas que son víctimas de tratas de personas (sí, aunque no lo crea) es un problema mundial y espeluznante en cifras.

Hablemos de violencia a raíz del asesinato del camionero, pero hablemos de violencia hacia las mujeres también, hablemos del narco tráfico que tanto daño está causando y hablemos también de la urgencia de enfocar el problema desde una perspectiva social, cultural y de un sistema de dominio perverso que nos somete constantemente a la violencia, por clasismo, intolerancia, miedo y poder.

Urge enfrentar en este nuevo Gobierno la violencia desde sus orígenes culturales patriarcado y machismo, clasismo y racismo, porque si no cambiamos el enfoque, no servirá de nada expulsar migrantes, nuestras poblaciones seguirán tomadas por narco traficantes, por mafias de comercio ambulante, por explotación de mujeres y niñas, el círculo va a continuar.

En varias columnas hemos insistido en el hecho de la impunidad, ciudadanos de primera y segunda categoría, esas son los orígenes de la violencia. Si autoridades se ven involucradas en hechos reñidos con la ética, con la apropiación indebida de fondos, violación de Derechos Humanos, etc y nada pasa. Recordemos los Pinocheques (¿pasó algo? nada), Dominga y Banco Talca con Piñera (¿pasó algo? Nada), Lucía Hiriart y el desfalco multimillonario de propiedades chilenas (¿pasó algo? Nada). Cuánto tiempo esperaron las familias de las niñas de Alto Hospicio para que se detuviera un psicópata que cobró 12 vidas. Si no se erradica la impunidad, la misoginia  y el clasismo en la Justicia Chilena esto seguirá ocurriendo cada vez con más brutalidad.

Tenemos fe en un nuevo sistema judicial y por sobre todo tenemos fe en que encontrar a las cientos de mujeres desaparecidas, esperamos y luchamos porque de eso se trata la humanidad y la dignidad del sentido más profundo de la justicia y la igualdad, valga nuestro recuerdo siempre Claudia Agüero ¡¿dónde está?!.