23 de Marzo de 1919 y Benito Mussolini daba inicio al movimiento “Fasci italiani di combattimento” conformado por ex combatientes de la Primera Guerra Mundial, el cual tenía por objetivo perpetuar la inspiración revolucionaria de la guerra por encima de todo y todos.
Columna de opinión
25.11.2021
Por Nadia Garcés Montes
Profesora
En aquella época Italia, al igual que gran parte de Europa, se encontraba sufriendo las consecuencias de la Gran Guerra. Hambre, pobreza, desempleabilidad y una fuerte crisis social, política y económica tenían al país con forma de bota al borde de una guerra civil. Este escenario sirvió para que el movimiento nacionalista creciera gradualmente, ganando cada vez más seguidores y adherencia, puesto una de sus principales características era transmitir orden y seguridad. Así, a finales de 1921, nace el Partido Nacional Fascista.
Líderes políticos y miembros de la élite Italiana temían que un movimiento comunista se levantará entre la gente, como había ocurrido en Rusia en 1917. Por ello, el Rey Manuel III en colaboración con los grandes empresarios de la época y el Vaticano, hacen que Benito Mussolini llegue al poder, transformando el Estado italiano en un régimen autoritario y fascista.
Una de las principales características de los regímenes fascistas es su método de análisis y observación del comportamiento social. Los estados en conflictos y con incertidumbres en el plano político y económico desarrollan un terreno propicio para que un líder carismático y hábil comunicacionalmente se levante y logre unidad y adhesión voluntaria de la población. Pero ¿Qué es lo que se esconde históricamente detrás de este encantador y convincente discurso nacionalista? Aprovechar demagógicamente los sentimientos de miedo y frustración colectiva para sostener un discurso de manipulación que permita hacer creer a las personas que un régimen basado en principios de libertad , seguridad y orden pueden brindar aquella estabilidad que tanto se anhela.
Este modelo sirvió de referencia para imponer otros regímenes autoritarios en todo el mundo, entre ellos; España, Portugal, Alemania y Chile (por nombrar algunos). Pero ¿Existen gobiernos fascistas actualmente? Técnicamente no, puesto que sus fundamentos y principios básicos son poco viables en materia política y social. Sin embargo, eso no limita a que hoy en día existan partidos político de extrema/ultra derecha que a través de sus discursos e ideologías permitan mantener viva la escencia de aquel movimiento nacionalista fundado por combatientes de la Primera Guerra Mundial.
Si el Partido Nacional Fascista en aquellos años veía una amenaza en el comunismo y en la revolución intelectual y social de las personas, los movimientos actuales perciben terror de fenómenos mundiales que cada vez logran más fuerza, como el empoderamiento femenino, la lucha inmensurable de pueblos originarios, la igualdad y justicia social, los derechos de personas LGTBIQ+ y, por supuesto, ven una tremenda amenaza en la juventud, quienes a través de su esperanza, convicción y utopía han sobrellevado años de subestimación.
Por ello, y como planteaba muy bien Simone de Beauvoir, bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos, principalmente de las mujeres, se vean removidos y cuestionados. Haciendo aparecer nuevos líderes nacionalistas, quienes no tendrán un perfil como Hitler, Salazar, Mussolini o Pinochet por ser inviables en los tiempos actuales, sino que encantarán con su oratoria y entregarán aquellas palabras de tranquilidad que tanto quieren oír las personas en momentos de crisis. Hablarán del orden público, de solidaridad a la injusticia, del bienestar y resguardo a las familias y de velar por la estabilidad en momentos de incertidumbre. Es entonces cuando la historia fascista nacida hace más de cien años se volverá a repetir con adaptaciones al siglo XXI.
Es entonces cuando la esperanza debe ser capaz de ganarle al miedo.