El clásico previo a contar de tu embarazo. ¿Por qué? Porque la mayoría de los abortos espontáneos se dan antes de las 12 semanas, porque los órganos no se formaron correctamente, no hay latido, o no funcionó la placenta o cordón umbilical. Entonces, mejor dar a conocer la noticia cuando haya más seguridad. Pero la verdad es que la seguridad es relativa.
Columna de opinión
15.11.2021
Por Isidora Montecinos
Profesora
Hace unos días vi que una amiga compartió por Instagram la siguiente frase: “Normalizar el esconder los embarazos hasta pasados los 3 meses es normalizar que los duelos se vivan en soledad”. Eso me hizo muchísimo sentido. ¿Por qué si algo me hace tan feliz y llevaba tanto tiempo buscándolo, lo voy a ocultar a la gente que más quiero? Si algo sale mal va a salir mal igual lo sepan cien personas o no lo sepa nadie, no hay por qué vivirlo a escondidas o restándole importancia.
Eso digo ahora, pero igual me costó. Por eso quiero escribir esta columna. Nosotros le contamos a la familia antes de las seis semanas. Saliendo de la ecografía donde escuchamos ese corazón fuerte, rápido y lleno de energía en la octava semana, por fin hablé con mis mejores amigas. Si esa visita médica no hubiera salido como lo esperábamos, también lo habría contado. Pero me guardé porque necesitaba esperar esos días apretando cada una de mis emociones y viviéndolo en pareja, contando los miedos y las esperanzas y las ilusiones. Me daba terror todo y no quería que nadie me comentara nada, independiente si eran comentarios de calma. Sentía que necesitaba primero mi espacio y después compartir el resultado (fuera esperado o no).
El tema está en la normalización de la soledad. Si tienes un aborto, ¿báncatelas? ¿Tenías pocas semanas y no te debería doler tanto? ¿Eres joven, sigue intentando? Miles de pensamientos tan solitarios y tan poco empáticos. Si alguien te cuenta de su embarazo, y luego sabes que perdió a su guagua, no es para sermón sobre “todo pasa por algo”. Es para que te calles y entregues amor y contención, de la forma en que esa mujer lo necesita. Es para que te adaptes y entregues lo que puedas para apaciguar un poco la pena. Quizás yo también me he equivocado en mis reacciones al saber de abortos de otras mujeres y de amigas, porque no sabía lo que era este nuevo miedo. He conocido miedos distintos en mi vida y en distintas etapas, pero nunca tanto miedo como con el que vivo todos los días a la par de la felicidad.
No conozco su cara, ni sus gustos, ni su risa. No nos conocemos y ya es la persona que más quiero. El amor indescriptible de la maternidad deseada es eterno, aunque queden meses para verse. No hay por qué ocultar tu propia felicidad por convenciones sociales. Cuenta lo que quieras y cuando quieras, porque el protagonismo sobre cómo vivir esta etapa debe ser único y personal.