La desigualdad puede palparse en los más ínfimos detalles de lo cotidiano, en momentos duele y cala hondo, en otros solo es parte de la costumbre, esa que se ha vuelto fortaleza. Hemos avanzado sin duda, siempre lo manifestamos porque la lucha por una sociedad más justa entre hombres y mujeres no comenzó ni terminará con nosotras, muchas nos antecedieron y aunque suene utópico decirlo, esperamos que no sean muchas más las que nos sucedan, pues anhelamos una sociedad donde las violencias hacia las mujeres sean erradicadas junto a todas las demás.

Columna de opinión
29.08.2022
Por Ana González
Presidenta ONG Lideracción, miembro Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres

Ayer mientras los medios de comunicación cubrían la catástrofe del Centro Sur, veíamos a las mujeres jefas de hogar, que además están siempre al cuidado de alguien, completamente solas pidiendo unas manos para sacar el barro con palas. Esa desigualdad de las mujeres que cuidan y no reciben sueldo por ello, la de los empleos informales que sólo da para subsistir, la de las que no terminan los estudios, pero hacen de todo para educar a sus hijos e hijas.

Una desigualdad estructural de una sociedad que dice estar acorde a los nuevos tiempos, pero que mantiene el tráfico y trata de personas para explotación sexual (todas mujeres), la que naturaliza la violencia sexual contra niñas y adolescentes, en la que aún persisten espacios sólo para hombres en la Academia, Universidades, sectores productivos, etc.

Una desigualdad que es violencia en todas sus manifestaciones. La Red Chilena Contra la Violencia Hacia las Mujeres por más de 20 años ha registrado los femicidios ocurridos en nuestro país. Hoy ya han ocurrido 21 femicidios y 1 suicidio femicida. ¿Nos preguntamos hasta cuando seguiremos contabilizando?, y aunque en nuestros distintos lenguajes y desde distintos pasajes; desde las artes, desde la academia, desde la casa, desde el activismo, etc.; hemos puesto en evidencia lo que “vivimos y callamos las mujeres” no han sido suficientes para avanzar en la erradicación de todas las violencias y sigue nuestra realidad constituyendo una violación a los derechos humanos de las mujeres y las niñas.

Una desigualdad que aumenta cuando las mujeres envejecen, menores pensiones, son el reflejo de la desigualdad salarial, los vacíos previsionales y además el menor acceso a carreras rentables, además por supuesto que el sistema previsional, nunca ha sido un sistema previsional, sólo un juego de acciones, préstamos y venta de los ahorros de trabajadoras y trabajadores.

Una desigualdad que se expresa en la incidencia política y acceso de las mujeres a las estructuras de toma de decisiones. Con mucho pesar vimos como el proceso de nueva Constitución actual, abandona la paridad, cerrando la puerta al avance civilizatorio. Nos marginamos de este proceso como Red Chilena, porque sin mujeres no hay democracia, porque tendremos que defender lo que hemos avanzado, construyendo como hacen las feministas, empezar y tropezar para luego emprender de nuevo un camino a una sociedad justa, ni más ni menos.

Aunque con sentimientos encontrados ante la palpable desigualdad en la cotidianeidad y porque aún vemos que el futuro que aspiramos está lejos de realizarse, seguiremos luchando por el respeto a nuestras autonomías, por las que hicieron el camino más liviano para nosotras, por el presente y por el futuro, permaneceremos luchando porque tenemos el deber de dejar un mejor mundo para las generaciones de hoy y las que vendrán.