La revuelta popular del 18 de octubre de 2019 trajo consigo un nuevo escenario, al centro de ese escenario la construcción de un nuevo Chile. Si bien es cierto, todo quedó abierto en un grito desesperado de DIGNIDAD, un resultado no menor de ese grito y esa construcción, es sin duda, la visibilización de la llamada agenda de las mujeres, contenida hoy en la macro demanda por una constitución Feminista.

Columna de opinión
02. 11.2021
Por Ana González
Presidenta ONG Lideracción, miembro Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres

Reflexionemos en torno a lo qué es y las implicancias de una Constitución Feminista. Lo primero es establecer que el Feminismo es la suma de activismo, corrientes y pensamientos diversos que sí tienen un elemento en común, se busca una cultura civilizatoria y se está contra un sistema de dominación y exclusión que es donde se sostiene la desigualdad entre hombres y mujeres. El feminismo es también movimiento, porque la vida es movimiento y actuancia lo que pienso es lo que hago. ¿Cómo podría una constitución ser feminista? Siguiendo el análisis anterior, sería aquella que en todas sus formas, reconoce que hombres y mujeres somos diversos e iguales, de ahí que en los Derechos Humanos aparece el concepto de personas a las que los Derechos le son intrínsecos.

Para llegar a lo que vivimos hoy en Chile, las mujeres hemos debido luchar a lo largo de la historia e ir obteniendo de a pedacitos aquellos Derechos tan naturalizados para los hombres: estudiar, ejercer en libertad, participar, opinar y decidir, sobre esto último, Decidir y Derechos Humanos, es que nuestro país tiene ratificados Convenio Contra Toda Discriminación Hacia las Mujeres (CEDAW) y Erradicación de la Violencia (Belén Do Pará), los tiene ratificados, pero ¿qué se avanza?…

Autonomía y Decisión deben ser un eje central de una Constitución Feminista, a todas las personas en una civilización se les garantiza la libertad de decidir, crear, imaginar y pensar, y las mujeres sabemos que eso es precisamente lo que se nos ha negado para poder ejercer dominación. Si realizáramos un ejercicio simplificado de un derecho garantizado de autonomía: en nuestro país no podría existir una educación sexista, estereotipada, no se podría masculinizar labores productivas, de investigación, deportivas, etc.

El siguiente eje central, es lo que llamamos paridad estructural del Estado, donde más que la suma de la igualdad de número de mujeres y hombres en los cargos públicos, lo que debe garantizarse es la participación igualitaria en la toma de decisiones y diseño de políticas públicas. Aunque pudiera parecer burocrático e irrelevante este factor, resulta gravitante que esto ocurra, veámoslo nuevamente en un ejercicio simple: si sólo hombres intervienen en el diseño de la Ley de Educación y Equidad terminará resultando un Modelo de Educación sexista; si sólo hombres construyen una Ley Laboral las mujeres seguirán ganando 30% menos que los hombres en igual labor económica; el sindicalismo y derechos de huelga no contemplarán la labor de cuidados, que aún en el año 2021, sigue siendo de exclusiva responsabilidad de las mujeres y la lista puede seguir sumando. El enfoque de género debe estar en el diseño de toda política púbica y ya es tiempo que también sea un ejercicio de poder y decisión que realicen las mujeres.

La Nueva Constitución será feminista porque es ejemplo mundial de su escritura en poder soberano, diverso, popular y paritario, para un Chile y sus territorios diverso y digno, otra cultura y otra humanidad libre e igualitaria ¡es posible!