Hace muy poco se dio a conocer el fallo del tribunal contra Nicolás López, conocido cineasta chileno y abusador. Cinco años y un día de presidio para el hombre que decidió imponerse ante otros cuerpos, sin consentimiento y en un juego de poder. La noticia me genera varias emociones: la primera, felicidad, porque cómo no vamos a aplaudir que a veces la justicia chilena sea justa. La segunda, duda. ¿Y si Nicolás López hubiera sido bajo perfil? ¿Y si las redes sociales y figuras conocidas del jet set no lo hubieran opacado?
Columna de opinión
17.05.2022
Por Isidora Montecinos
Profesora
Seamos transparentes, sin peso mediático pocas veces hay condena efectiva. El clamor colectivo genera consecuencias, o al menos pone ciertos nombres en la palestra para que las investigaciones duren lo que correspondan y se le de el espacio requerido; y ese espacio requerido, ese peso, esa necesidad de justicia la merecen todos los y las sobrevivientes de abuso sexual. Hasta cuándo será necesario que aparezcan personajes conocidos para generar conciencia, hasta cuándo dependerá de redes sociales para movilizar casos, hasta cuándo las historias te tienen que mover de cerca para recién hacer al respecto.
Eso me lleva a mi tercera emoción con la noticia de Nicolás López: envidia.
Hace diez años comencé mi propio proceso reparatorio, hablando del abuso y empezando mi terapia. El 2015 me atreví a denunciar y a los pocos meses se cerró la causa por prescripción, sin más ni menos investigación y sin más ni menos interés. Y bueno, a asumir y continuar. Para mí lo más importante (y lo que siempre recalco) fue haber hecho la denuncia. Pero una parte no lo olvida fácilmente. Una parte de mí hubiera querido sentir esa felicidad al ver un fallo a mi favor por un tribunal, una reparación de algún tipo. Un ademán del sistema de hacer como que le importa ese traspaso de derechos y de infancia que viví.
A veces siento que es una historia sin fin y eso me da rabia y me frustra. Otras, encuentro la motivación para seguir visibilizando y fomentando que sobrevivientes denuncien y develen sus historias. Siempre hay un proceso interno doloroso y complejo, pero se traduce en la liberación de una mochila cargada cuando le cuentas a alguien. Cuando alguien te cree. Cuando alguien te mira y te entiende. Cuando te abrazan. Por eso, las noticias como las de este hombre hay que seguir compartiéndolas. Y en otra esfera, tienes que creerle a tus amigas, familiares, amigos, compañeros de pega, la vecina de al frente o el caballero de la esquina si te cuentan sobre un caso de abuso. A veces el peso de los medios no se compara al peso de saber que alguien en este mundo, te acompaña, te cree y te alienta a reencontrar tu propia calma.
¿Conoces el proyecto? Te invito a seguir @nodenuncieporque en Instagram.