La emergencia generada por el aumento de la ocupación de camas pediátricas en las distintas unidades de cuidados intensivo, dados los virus respiratorios presentes, generó como medida estratégica que las autoridades sanitarias y educativas decidieran adelantar las vacaciones de invierno en un receso que pretender resguardar la integridad física de niños, niñas y adolescentes. Sin embargo, esta medida preventiva ha dejado en el olvido la integridad emocional y académica que enfrenta hoy, con más intensidad más que nunca, la educación pública de nuestro país.

Columna de opinión
05.07.2022
Por Nadia Garcés Montes
Encargada de Convivencia Escolar

Generalmente las decisiones en materia educativa son fundamentadas en el bien superior de los y las estudiantes. Ante ello, es imposible no reflexionar ante la siguiente interrogante ¿ha sido una medida bien abordada?

Desde la realidad educativa, especialmente para escuelas con altos índices de vulnerabilidad y problemáticas familiares y sociales, realizar cambios abruptos en los procesos escolares sin la debida antelación es perjudicial y entorpecedor, especialmente cuando la gestión académica se sustenta en un cierre semestral. Ajustar cronogramas de trabajo, adelantar procesos de evaluación, reestructurar actividades internas, entre otras muchas labores que responden a la cotidianidad escolar, son solo algunos de los factores que se alteran con esta medida. Pero lamentablemente nadie piensa en esta enfermedad, en este virus silencioso que lleva afectando la salud de la educación pública por años y que la tiene en coma en una cama olvidada en la unidad de cuidados intensivos: la desigualdad e ineficiencia.

Quien necesita acciones y medidas para enfrentar una enfermedad aguda y crítica es el sistema educativo. Un sistema que ha enfrentado diagnósticos errados y múltiples negligencias médicas de profesionales ineficientes y sustentados de una teoría poco práctica, que han hecho avanzar hacia un terreno de brechas en los aprendizajes que hoy

se ven golpeadas por esta medida desconectada de la realidad. Ante ello, urgen acciones constructivas que permitan una rehabilitación exitosa luego de haber pasado años en una situación agonizante.