Mientras el Ministro de Educación se reúne con distintas autoridades y expertos en Educación Pública para hablar sobre el Plan de Reactivación Educativa, en las escuelas los estudiantes portan armas de fuego y pelean con cuchillos. Mientras el borrador de recomendaciones del Consejo para la Reactivación Educativa incluye promover la lectura mediante campañas y planes de tutorías, el consumo de alcohol, marihuana y eventos delictuales en estudiantes de séptimo y octavo año básico aumenta de manera exponencial. Y es que al parecer las preocupaciones y prioridades hoy se encuentran lejos de la realidad que se vive en cada escuela pública de nuestro país, especialmente en aquellas con altos índices de vulnerabilidad.
Columna de opinión
25.04.2023
Por Nadia Garcés
Encargada de Convivencia Escolar
Nadie pondría en duda que el rezago lector y la educación socioemocional son fundamentales para lograr una formación integral y acorde a las necesidades que hoy demandan las nuevas generaciones y nuestra sociedad, pero para alcanzar aquellos estándares debemos ser conscientes de que las escuelas se encuentran atravesando momentos particularmente complejos.
La realidad, de la que poco se habla con honestidad, es que las escuelas son un refugio ante una constante vulneración. Donde los equipos que integramos las comunidades educativas dedicamos gran parte de nuestro tiempo a una contención emocional y social de la cual muchas familias han olvidado, porque las habilidades parentales se han visto disminuidas a raíz de no contar con una sociedad transformadora y preventiva en cuanto a sus políticas públicas.
Entonces, cientos de estudiantes ven la violencia, la drogadicción y la delincuencia como un método de expresión ante la rabia y frustración evocada de sus núcleos familiares, producto de un sistema que no ha comprendido que para tener una educación pública de calidad no basta con reunir a cientos de expertos que han estudiado sus postgrados en Finlandia, sino más bien convocar a sus conversaciones una cuota de cordura que les permita observar la realidad de la educación pública sin el optimismo y romanticismo que tanto caracteriza los discursos político.
Por el contrario, necesitamos tener la valentía de asumir que el escenario es realmente preocupante y aterrador, y que avanzará a pasos agigantados mientras perdemos nuestro tiempo en una Reactivación Educativa que no reactivará nada más el crecimiento de la desesperanza por la educación pública.