Con la llegada del invierno y la disminución de luz natural, muchas familias enfrentan desafíos en la rutina diaria. Este cambio puede impactar especialmente a los niños y niñas neurodivergentes, quienes son más sensibles a las alteraciones ambientales. La experta Julia Soto, docente del Área de Educación del IP-CFT Santo Tomás, entrega claves prácticas para abordar esta transición de forma respetuosa, cuidando el bienestar emocional y sensorial de los menores.
23.05.2025
Por Paula Campos
Durante el verano, es habitual tener luz solar hasta cerca de las 21:00 horas, pero a medida que avanzan los meses fríos, esta comienza a desaparecer alrededor de las 18:00 horas, alterando no solo el comportamiento de los adultos, sino también los hábitos de las infancias.
Docente entrega recomendaciones
En el caso de niños neurodivergentes, este ajuste puede tener implicancias más profundas. Julia Soto, docente del Área de Educación del IP-CFT Santo Tomás, sede Puente Alto, advierte que “la menor exposición a la luz natural puede generar ansiedad, irritabilidad o dificultades para dormir”, y entrega recomendaciones para acompañar esta transición de forma respetuosa y efectiva:
Adaptar la rutina gradualmente en niños neurodivergentes
Modificar los horarios de manera progresiva, en pequeños intervalos, para ayudar al cuerpo a ajustarse con mayor facilidad. Usar apoyos visuales para anticipar los cambios y reducir la ansiedad.
Mantener las señales ambientales
Fomentar la exposición a la luz natural durante el día, ya que es clave para regular el reloj biológico. Procurar actividades al aire libre y ajustar la iluminación del hogar para favorecer el ritmo circadiano.
Reforzar las rutinas nocturnas
Establecer una rutina relajante antes de dormir —como leer un cuento, tomar un baño tibio o escuchar música suave— para facilitar el sueño. Evitar el uso de pantallas al menos una hora antes de acostarse.
Brindar apoyo sensorial
Ofrecer elementos que proporcionen seguridad, como mantas pesadas, juguetes de apego o sonidos relajantes, especialmente si el niño o niña es sensible a los cambios del entorno.
“Cada niño responde de forma distinta a estos cambios estacionales, por lo que es clave mantener una actitud comprensiva y adaptar las estrategias a sus necesidades. Validar sus emociones, introducir ejercicios de respiración mediante el juego y mantener la calma como adultos hará que esta etapa sea mucho más llevadera para toda la familia”, concluye la experta.