Tras haber publicado dos libros de cuentos, Claudio Suárez se embarca en su tercer proyecto literario, El kimono de seda, una novela que explora la complejidad de la vida, la identidad y las luchas interiores que todos enfrentamos a medida que el tiempo avanza. La obra, que entrelaza una narrativa profunda, ofrece una reflexión sobre el edadismo, el deterioro y las decisiones que marcan el destino de una persona. El protagonista de esta historia es Miguel un hombre de sesenta años que al igual que el autor hace un cambio radical en su vida.

21.11.2024
Por Mariana Hales

Durante casi cuarenta años Claudio Suárez Cruzat se dedicó por completo a la medicina, viviendo con intensidad la lucha contra la muerte día a día. Su especialidad era la cirugía del cáncer de pulmón. Pero la lectura ha sido un amor permanente en su vida, y desde allí se origina su necesidad de escribir. En el 2017 su pasión por la literatura superó a la de la medicina, y desde entonces tomó talleres, cursos de literatura y hasta un Magíster de escritura creativa en la Universidad Adolfo Ibañez. Tiene dos libros de cuentos publicados con Simplemente Editores, y hoy regresa a librerías con la misma editorial, pero con su primera novela.

En “El kimono de seda”, Claudio Suárez, explora las vicisitudes de Miguel, un hombre de sesenta años, quien se encuentra en un momento decisivo de su vida, enfrentando la disyuntiva entre dejar atrás todo lo que ha construido o embarcarse en un nuevo camino hacia la realización personal: irse al sur y dedicarse a escribir.

Enfrentado a la oposición de su esposa, varios años más joven que él, quien no lo acompañará en su decisión, Miguel duda entre la posibilidad de reinventarse o quedarse atrapado en una vida que ya no le satisface. Un dilema que, según el autor, es común a muchas personas que experimentan la crisis de la mediana edad.

Miguel está escribiendo una historia japonesa que lo lleva a reflexionar sobre su propia vida y las diferencias del valor que se otorga la tercera edad en occidente y oriente. Su relato plantea una crítica a la discriminación por edad (edadismo), tan frecuente en nuestra civilización, y lo contrasta con lo que sucede en la sociedad japonesa, donde los mayores son respetados y se valora su experiencia.

Entrevista con Claudio Suárez Cruzat

“El gatillante de esta historia es mi llegada a la tercera edad y la necesidad de iniciar una nueva vida”

1. El kimono de seda toca temas tan profundos como el edadismo, la búsqueda de la felicidad y la reinvención personal. ¿Qué te motivó a explorar estos temas en particular?

Desde siempre quise cambiar de vida, profesión y lugar de residencia al cumplir sesenta años. En mi caso fue voluntario, pero he visto a otros adultos mayores sufrir la discriminación por envejecer, el edadismo. Sentí que tenía que mostrar esto, a una sociedad que declara que se opone a cualquier forma de discriminación, pero sin embargo posterga a sus mayores, que constituyen una porción creciente de la población. Y lo contrasto con la mirada oriental, donde el respeto por los mayores es la regla. Entre estas dos vertientes construyo esta novela.

La búsqueda de la felicidad y la posibilidad de reinventarse, de manera de vivir varias vidas durante nuestra existencia, son temas persistentes en mi obra literaria, son parte de mis obsesiones. Creo que todos debemos tener la oportunidad y el atrevimiento de hacerlo, de cambiar de vida y encontrar la felicidad.

2. El protagonista, Miguel, enfrenta la disyuntiva de dejar atrás lo construido para perseguir un nuevo camino. ¿Te sientes identificado con él, especialmente en lo que respecta a la lucha interna entre la comodidad de lo conocido y el riesgo de lo desconocido?

El gatillante de esta historia es mi llegada a la tercera edad y la necesidad de iniciar una nueva vida, en una actividad diferente y en el sur. La búsqueda de la felicidad y de la realización personal no se acaba a los sesenta, ni a los ochenta, debe ser nuestra meta hasta el final. Miguel tiene mucho de mí, pero su historia afortunadamente no es la mía.

Atreverse a cambiar, a emprender nuevos desafíos, a dejar la zona de confort en que nos anquilosamos, sirve para rejuvenecer y debería ser una meta para todos los que logramos llegar a esta etapa.

3. En la novela, se entrelazan dos historias: la de Miguel y la que está escribiendo sobre la cultura japonesa. ¿Cómo surgió la idea de incorporar esta dimensión intercultural, y cómo crees que la visión japonesa sobre la vejez contrasta con la occidental?

Yo hice una residencia en Japón y me impresionó el respeto que tienen por las personas mayores, su experiencia, su sabiduría de vida. Esto es absolutamente opuesto a lo que hace la sociedad occidental, que vive en lo desechable, en quemar etapas, en avanzar sin freno ni medida, en consumir sin ver el daño que le producimos al medioambiente para satisfacer ambiciones y deseos desechables. Así, cuando empecé a escribir esta historia del envejecimiento y del edadismo, se me hizo evidente que necesitaba construir una parte de la historia por oposición, que es lo que logra la historia japonesa que escribe Miguel, que muestra lo que desearía que sucediera.

3. A lo largo de la narrativa, se intercalan conversaciones de WhatsApp entre la esposa de Miguel y sus amigas. ¿Cuál fue tu intención al incorporar estos diálogos tan contemporáneos en la novela? ¿Qué aportan a la percepción que tiene el lector sobre los personajes y sus dilemas?

El chat de las Baywatch es una adaptación al mundo de hoy del género epistolar. Sus conversaciones nos muestran lo que en realidad está sucediendo en el mundo que rodea al protagonista, pues de manera descarnada las amigas se cuentan sus problemas e ilusiones. Los lectores podrán apreciar desde otra mirada la vida de Miguel y su esposa. Este chat integra la realidad a la historia principal y a la novela japonesa.

4. Después de dos libros de cuentos, diste el salto a la novela. ¿Cómo fue el proceso de transición de un formato más corto y concentrado a uno más largo y complejo?

Julio Cortázar dijo que la novela gana por puntos y el cuento por nocáut,  queriendo mostrar en código pugilístico sus diferencias.

Escribir una novela es un desafío mayor para cualquiera, con no poca frecuencia puede consumir años de trabajo sin lograr llegar a puerto. Muchos escritores ven en este animal mitológico un enemigo temible, pero la necesidad de escribir parece ser más fuerte que la salud y el equilibrio mental en esta profesión.

Afortunadamente el trabajo diario durante alrededor de dos años dio este fruto, que me deja muy contento. El último año fue editar, corregir y editar nuevamente, para llegar a darle a la historia su forma actual. Aquí la ayuda de Nicolás Cruz, Mónica Tejos y otras personas fue trascendental.

5. Finalmente, ¿qué esperas que los lectores se lleven de El kimono de seda? ¿Qué mensaje te gustaría que les quedara después de leer la historia de Miguel?

Me gustaría poner en la conversación de todas las personas tres ideas que emergen desde distintos ángulos de la novela:

1.- Conversar del edadismo enfrentándolo al problema real del deterioro producto de la edad, enfermedad o medicación. Entender que los años no son el tema, sino en qué condiciones se llega a ese momento.

2.- Entender la necesidad imperiosa de deconstrucción del macho clásico y el cambio de su rol en la sociedad, algo de lo que ya hablé en el libro anterior, Fugitivo en la ruta Selk´nam.

3.- El cuidado y protección que requieren las víctimas de trata de personas.