“Endémico” se titula la exposición de esculturas al aire libre del artista local Ozkar Longkotoro, el “Quijote de Puerto Varas” que esculpe con amor y conciencia ambiental. En entrevista con Diario Puerto Varas relata un camino de más de veinte años marcado por la búsqueda de sentido, amor propio y profundo respeto por la naturaleza. Se define como un Quijote contemporáneo que interviene espacios públicos para despertar reflexión y dejar un legado. Su crecimiento va de la mano con el de Puerto Varas: “La Ciudad de las Rosas” que forma parte de su identidad endémica. Desde un proceso creativo intuitivo y espiritual, transforma objetos desechados en esculturas que dialogan especialmente con los niños y la comunidad.

“Endémico” – Foto: Daniel Maldonado -Diario Puerto Varas
06.02.2026
Por Constanza Hitschfeld
Ozcar Longkotoro, artista y escultor autónomo puertovarino, profundamente sensible, perseverante y humano. Comenzó su camino creativo hace más de veinte años trabajando en una maestranza. Allí aprendió el oficio de soldador y descubrió, casi como una revelación, su capacidad para transformar materiales abandonados en esculturas cargadas de sentido. Con el tiempo fue afinando su mirada y técnica, nutriéndose de lecturas, del diálogo comunitario y una reflexión constante sobre el mundo y el sentido de la vida. Hoy, con su exposición al aire libre llamada “Endémico”, este soñador exhibe sus esculturas en el Anfiteatro Casino de Puerto Varas, disponibles hasta este domingo 8 de febrero en plena costanera de la “Ciudad de las Rosas”.
“Endémico”: Entrevista con Ozcar Longkotoro, artista y escultor de Puerto Varas

“Endémico” – Ozcar Longkotoro y Constanza Hitschfeld – créditos foto: Daniel Maldonato -Diario Puerto Varas
-
Si miras hacia atrás, ¿cómo recuerdas esos primeros pasos en la escultura, cuando todavía no estaba claro el rumbo, pero sí la necesidad de crear?
Cuando partí hace más de 20 años en esto, honestamente no sabía muy bien para dónde ir. De a poco fui creando una especie de hilo conductor para darle sentido a todo esto. Pero creo que mi verdadero objetivo es crear conciencia con el cuidado del medio ambiente, para poder así, como escultor, dejar un legado, que es un poco lo que hablaba Cervantes en su libro El Quijote.
Soy como un Quijote que lucha contra molinos de viento del siglo XXI. Dejar un legado para las generaciones futuras, dejar un mejor país, un mejor planeta, una mejor ciudad. Cuando llego a la ciudad y la intervengo con estos materiales, con estos matices de colores, justamente para eso. Para remover un poco la conciencia y detener a las personas en su caminar, en su diario vivir y hacerlos reflexionar.
-
Los seres que hoy habitan la costanera de Puerto Varas parecen llegados de otro tiempo. ¿Qué historia traen consigo y qué diálogo proponen a la “Ciudad de las Rosas”?
He ido creciendo junto a Puerto Varas, la “Ciudad de las Rosas”. Hace veinte años era una ciudad que estaba prácticamente en pañales en términos turísticos y culturales, y bueno yo también. Entonces me fui adaptando y creciendo con la ciudad. Creo que de alguna manera mi aporte ha contribuido y permitido que Puerto Varas crezca a la par conmigo. Mi aporte ha hecho que los turistas no solo se lleven la postal del volcán y el lago, del paisaje, sino que hay algo más.
- “Endémico”
- Esculturas en metal
- “Endémico”
- Créditos Fotos: Daniel Maldonado
-
¿Cómo se dio ese tránsito desde lo íntimo y pequeño hacia una obra que hoy habita la ciudad?
Creo que fue básicamente porque creí en mí. Pero antes pasé por una época rodeado de demonios y fui uno de ellos también. Entonces al final la única salida era escapar de ese círculo. La única manera de poder dar ese salto cuántico, en lo que tiene que ver con la espiritualidad del ser humano, fue cuando descubrí que podía vivir sin nadie a mi alrededor y descubrí que podía morir feliz con eso. Ahí partió todo, ahí descubrí la verdadera felicidad. No necesitaba a nadie más que a mí.
-
Estás hablando del amor propio…
Sí, si no lo tienes estás jodido. No hay nada. La humanidad busca esa chispa que eleva a otro estado espiritual. No sé si lo hizo Buda, no sé si lo hizo Cristo.
-
En una sociedad marcada por la competencia, ¿qué significa para ti asumir ese rol de “contreras”, casi quijotesco?
Sobre todo, con la tecnología y las redes sociales. Entonces hay que ser un poco como el Quijote, valiente, llevar la contra, parecer loco. Yo creo que se puede vivir del amor. Creo que el primer requisito para llegar a la felicidad es justamente el amor, el amor propio, el amor hacia uno mismo. Me salvó de la muerte, porque cuando le pierdes el sentido a la vida, cuando sientes que ya no hay más qué hacer, porque igual tienes que ser valiente para pensar en la muerte, a no ser que suceda este quiebre emocional para poder reinventarte y dar ese paso espiritual.
Por esto me volví un ser misántropo, me retraje, me fui a mis adentros, medité mucho con mis demonios, hablé con ellos, los conocí. Me emociona, me encanta, me encanta. Caminé por las piedras del infierno, las piedras calientes, fue horrible. Ahora miro para atrás y me emociona, y pienso qué bueno fue haber pasado por eso. Si no hubiese pasado por eso no estaría hoy en un estado de paz. Me siento en un estado de paz increíble. Hoy a todo el mundo le pregunto, ¿eres feliz?, y te juro que el 99% lo piensa. Yo reboso de felicidad, soy el ser más feliz del mundo, porque descubrí algo que me mantendrá vivo por siempre. Mi cuerpo se va a morir, pero voy a dejar un legado que siento que está ayudando.
-
Mientras conversamos, la gente recorre esta galería a cielo abierto. ¿Alguna vez imaginaste que tu obra sería vivida así?
Jamás, jamás. ¡Estamos los dos sorprendidos! Pero, ¿cómo podría haberlo hecho sin sentir amor hacia mí, primero?, o sea, cada pieza está hecha con amor. Aunque si bien las comparto para que todo el mundo pueda observarla, lamentablemente no todos pueden comprarla. Mi obra está pensada para una persona que le va a dar valor agregado, porque si la persona la compra es porque la aprecia hasta más que yo y eso está bien.
- “Endémico”
- Diario Puerto Varas
- Créditos Fotos: Daniel Maldonado
-
¿Cómo convives con esa tensión entre creación artística, subsistencia y reconocimiento?
Creo que está prohibido decir que a un artista le va bien. Tiene que irle mal para que sea artista. Pasé pellejerías y logré sobrevivir porque fui cargante. Logré desarrollar mi trabajo en un medio que día a día reprime, te suprime y te aleja de las posibilidades de poder realmente desarrollarte. Creo que es bonito ver a los niños disfrutar, ser felices, jugando y creando obras, pero luego cuando crecen ya no quieres que tu hijo siga jugando de esa manera. Es terrible pensar que todos pasamos por eso y nos hemos convertido en lo que somos actualmente, siguiendo líneas sociales preestablecidas, perdiendo lo genuino.
Con mi obra busco generar nuevamente esa conciencia en las personas. Que personas vean mi trabajo y digan “yo también puedo” para mí es fantástico. Pienso que cualquiera puede llegar a desarrollar arte, pero hay que ser metódico, pasar horas pensando, construyendo, haciendo.
- Fuiste pionero en intervenir el espacio público de esta manera en Puerto Varas. ¿Cómo enfrentaste las críticas que cuestionaban tu legitimidad como artista?
Lea también:
“Exposición Desechos: Esculturas en metales (2018)”
“Esculturas se toman el centro de la Ciudad de las Rosas (2021)“
“Esculturas de material reciclado llegan a la plaza de Puerto Varas (2022)”
No hago arte para competir con mis colegas, hay mucha gente que critica mi trabajo, en un inicio fue así, me decían “tú no tienes currículo”, no tienes academia, no tienes título profesional. ¿Para ser artista se requiere título profesional?
-
Nadie es profeta en su tierra y ningún oficio depende de títulos ni academia. Tal fue el caso de Pedro Lemebel, a quien tuve la suerte de conocer. ¿En qué momento sentiste que habías encontrado tu propio método y una voz auténtica?
¡Oh! muchísimas gracias por tremenda comparación, pero no creo estar a la altura. Creo que un artista se construye y se autoconstruye, y esa facultad la tenemos todos. Logré desarrollar un método de trabajo, velando también por lo económico, porque un artista debe poder vender sus obras también, pero que conversa con lo emocional y espiritual.
Tengo un pasado que no tiene nada que ver con el mundo del arte. Pero de no haber tenido ese pasado, no habría sido capaz de desarrollar esto, o sea, ha sido como un accidente. Cuando descubrí que tenía la capacidad, simplemente me lancé a la piscina sin saber nada.
-
Esta muestra se titula “Endémico”. ¿Crees que Puerto Varas posee una identidad y una mística única que atraviesa tu obra?
“Endémico” aboga justamente por eso. Es decir, como artista soy endémico de Puerto Varas, porque no puedo decir del sur, sino que de este lugar en particular. Tiene que ver con lo local, lo nuestro, con hacer de este punto del mapa algo que no solamente sea un punto más en el mapa, sino que sea algo más. He crecido con Puerto Varas y a mí me encanta Puerto Varas y no viviría en otro lugar.
Puerto Varas ya no es la ciudad del siglo pasado es una ciudad muy cosmopolita, tiene una parrilla muy interesante en cuanto a cultura y arte. Hay mucha gente haciendo cosas. Pasó de ser un pueblo de diez mil habitantes en los noventa a cincuenta mil. Creo que eso lo dice todo y sigue creciendo. No creo que exista algún habitante de Puerto Varas que no quiera aportar a su desarrollo. Todos somos parte de ese ciclo y lo vamos a seguir haciendo.
Nuestros antepasados ayudaron a poner las bases para esta ciudad. No podemos ser agresivos con nuestros antepasados, tanto los colonos germanos y los huilliches. Pienso que una cosa lleva a la otra y en términos de historia, de no haber sido por nuestros antepasados no estaríamos acá sentados disfrutando de esta bella ciudad.
-
Recuerdo esta misma escena, ocho años atrás, sentados en este mismo living y cubiertos por el techo de la pérgola de la plaza, una tarde lluviosa y oscura, cuando presentabas obras de dimensiones mucho más pequeñas. Soñando.
Aquí estamos los endémicos, trabajando para que no se pierda nuestra historia. A lo mejor no tengo el peso de una familia influyente, pero, aun así, mi familia aportó enormemente al crecimiento de esta sociedad. También porque todos somos uno. Entonces creo que hay que estar muy agradecidos de lo que somos gracias a nuestros antepasados.
-
Estos nuevos seres de acero parecen dialogar especialmente con la infancia. ¿Qué buscaste despertar al darle forma esta muestra?
Esta vez presento mis juguetes de acero, obras en su gran mayoría con un carácter figurativo, porque están pensadas para hacer reflexionar a todos, no solo a los adultos. Está pensada sobre todo para los niños, para que puedan comprenderla sin mayor problema. Teniendo en cuenta que, para una obra de arte de carácter contemporáneo siempre es necesario el texto teórico, pero yo planteo que el trabajo debe hablar por sí solo.
Entonces no es necesario que esté en el centro de la exposición para mediar con quienes la visitan. Es más, no tengo por qué estar. La obra habla por sí sola y el público en general la concibe como tal. Como escultor sé que, si alguien la observa, está observando lo que en teoría quise entregar. Tú ves un caballito de mar y es un caballito de mar, un poco abstraído, pero es lo que quise representar en un trabajo figurativo.
-
Has construido una relación silenciosa, pero constante, con quienes visitan esta galería callejera. ¿Cómo describes ese diálogo cotidiano con la comunidad?
Hago una especie de catastro dentro de lo que es el movimiento diario de las personas. Aquí al día deben pasar miles de personas, de las cuales muchas se quedan pegadas dando vueltas y hay otras muchas que después regresan con sus familias, que no encontraron estacionamiento y se vienen caminando solo para ver las obras y se quedaron toda una tarde contemplando. Para mí eso es maravilloso. Creo que suena cliché, pero con eso me doy por pagado.
-
En tu proceso creativo, ¿en qué instante un objeto desechado deja de ser basura y comienza a revelarse como una obra de arte?
En un inicio era muy complicado, no sabía muy bien para dónde iba. No estaba muy seguro de si lo estaba haciendo bien, pero el tiempo me fue dando la experiencia para poder seleccionar el material y construir las obras. Ahora para mí es super fácil encontrar objetos y transformarlos casi inmediatamente sin tener un diseño previo. Hago un traspaso directo a la producción de mi obra. Técnicamente esculpir significa extraer material de un bloque. Por ejemplo, veo una tuerca y veo que es un ojo de una figura. Entonces hay obras que las llevo construyendo dos, tres años y aparece una pieza que sé que es la pieza que faltaba para poder cerrar la obra.
-
Entre todas las piezas expuestas, ¿hay alguna que te haya costado más soltar?
Hay obras que me han costado construirlas más que otras, pero creo que lo que más me importa es el valor que le dan las personas que observan y las compran, por ejemplo, los coleccionistas. Ellos le dan el valor agregado que un artista en el fondo busca. De pronto en la necesidad uno busca poder capitalizar para poder seguir produciendo obras. Entonces al final desprenderme es importante y creo que así debe ser.






