El biólogo Miguel Allende, académico de la Universidad de Chile y líder del proyecto Mil Genomas Chile, visitará el CAMM para ofrecer una charla abierta sobre el patrimonio genético y la biodiversidad chilena. En una entrevista previa al encuentro, el científico explica por qué conocer el ADN de las especies es fundamental para enfrentar el cambio climático, proteger los ecosistemas y aprovechar de manera sustentable la riqueza biológica del país.
06.07.2026
Por Diego Gálvez
Biólogo Miguel Allende líder del proyecto Mil Genomas Chile
La biodiversidad de Chile alberga un patrimonio genético único en el mundo. Sin embargo, el avance del cambio climático, la pérdida del hábitat y la acelerada extinción de especies amenazan una riqueza biológica que aún nos falta por descubrir. En ese escenario, la ciencia se ha transformado en una herramienta clave para comprender, proteger y proyectar ese legado hacia las futuras generaciones.
Con más de dos décadas dedicadas a la investigación en genética y biología, Miguel Allende es académico de la Universidad de Chile, director del Instituto Milenio Centro de Regulación del Genoma e impulsor del proyecto Mil Genomas Chile, una iniciativa que busca caracterizar el patrimonio genético de miles de especies presentes en el país. En el marco de su próxima visita al CAMM, conversamos sobre la importancia de conservar nuestra biodiversidad, el potencial que esconde los microorganismos, los desafíos de la divulgación científica y por qué conocer el ADN de los ecosistemas chilenos también es una forma de cuidar nuestro futuro.
La entrevista antecede a su charla “Patrimonio genético de Chile: genómica de la biodiversidad chilena para la sustentabilidad”, que se realizará este jueves 9 de julio en Sala Vulcanología del centro cultural (tercer piso). La actividad, producida conjuntamente por el CAMM y Sernageomin, invita a la comunidad a descubrir cómo la genética se ha convertido en una herramienta fundamental para comprender, proteger y valorar la extraordinaria biodiversidad del país, acercando la investigación científica al público a través de una conversación abierta, accesible y gratuita.
La actividad fue financiada por el Programa de Apoyo a Organizaciones Culturales Colaboradoras, Convocatoria 2026, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

¿Por qué debería importarle a cualquier persona la biodiversidad genética de Chile? Incluso si no tiene relación directa con las ciencias.
Existen amenazas globales como el cambio climático o la pérdida de ambiente, pero particularmente en Chile tenemos una característica que nos distingue, ya que los organismos que se han adaptado a vivir en nuestro territorio son únicos, porque el espacio está circunscrito a barreras geográficas y aislamientos que generan una evolución distinta en comparación con otros países. Es decir, tenemos mucho endemismo.
Pero al mismo tiempo, nuestro país, al ser parte del ecosistema global, está perdiendo muchas especies por el cambio climático, la extracción irracional de recursos naturales o la propia ocupación humana del territorio. Entonces, por un lado es importante preservarlas, ya que son parte del ecosistema que nos rodea, pero por otra parte este aislamiento geográfico ha generado en ellas una riqueza genética que, además de ser única, puede entregarnos muchos secretos sobre cómo la naturaleza se adapta a las condiciones del espacio. Esto puede ser importante para la explotación de esos mismos recursos u otros que sean introducidos.
¿Te dedicas a estudiar tanto la flora como la fauna?
Sí, incluso investigamos lo que está más allá de la flora y la fauna. Hemos descubierto que los organismos más importantes de nuestro sistema son los microorganismos, entonces la flora y fauna dependen de ellos, tanto en tierra como en el mar. Por lo tanto, la mayor riqueza genética está en estos microorganismos, que además evolucionan mucho más rápido que los animales y plantas. Creo que ahí hay un gran terreno que explorar.
¿Cómo se lleva a la práctica el estudio de microorganismos? ¿Sacan muestras de un bosque y luego la examinan en laboratorios?
Aquí es donde está la clave. Todo el mundo hace eso desde hace muchos años, con alguna placa de cultivo y utilizando la muestra en el laboratorio. Pero el problema es que la gran mayoría de los microorganismos que están en la naturaleza no crecen en el laboratorio, entonces no hay forma de analizarlas, ni siquiera con un microscopio.
Los avances en la parte técnica del estudio del genoma, nos permite tomar la muestra y mirar únicamente el ADN. Es decir hacemos una extracción de esa molécula en las muestras, observamos este material genético y hacemos un proceso que se llama “secuenciación”, que básicamente es descubrir el lenguaje escondido que contiene el ADN. Con eso podemos conocer el repertorio de microorganismos que hay en el territorio y sus características genéticas. De esta forma, podemos conocer el rol que cumplen en el ecosistema.
Hoy realizamos un proceso que se llama “metagenómica”, que es tomar una muestra y mirar su ADN de manera directa, sin la necesidad de cultivar en un laboratorio.
Es tan potente esta técnica que, por ejemplo, podemos tomar una muestra de agua en un estero de la Región de Los Lagos, filtrar y extraer todo el ADN que se encuentre. Con este procedimiento no sólo observamos los microorganismos, sino que también todas las plantas y animales que habitan ese territorio, porque su material genético va a estar presente en la muestra. Cualquier molécula, ya sea un pelo o una hoja, desprende ADN y hoy somos capaces de detectarlo.
Más allá de lo evidente ¿Qué se pierde cuando se extingue una especie?
Lo que pasa es que la naturaleza está haciendo experimentos constantes con los microorganismos. En otras palabras, los organismos tienen una diversidad genética, y los propios cambios ambientales o presiones, adaptan a los microorganismos a través de su repertorio genético. Esta diversidad permite que algunas especies sobrevivan y que su genética persista.
Ese “experimento” que hace la naturaleza con el paso del tiempo, en un periodo de millones de años, es algo que no podemos reproducir y que solo puede lograr la evolución biológica. La riqueza del ADN está ahí, entonces hoy tenemos la posibilidad de conocerla y aprovecharla. Es un regalo de la naturaleza que nos está esperando para cosechar la información.
Estamos apurados con este proceso debido a la constante extinción de especies, los estudios indican que se pierden alrededor de 6 mil especies cada año en todo el mundo. Por lo tanto, si van a desaparecer, la idea es que al menos tengamos su información guardada. Eso es parte del patrimonio, es un proyecto estratégico para Chile, porque tenemos recursos naturales y a la gente se le olvida que los recursos son organismos que tienen características que ni siquiera conocemos. La mayoría de las especies que podríamos explotar desde el panorama productivo no están caracterizadas genéticamente.
¿Hay especies de la Región de Los Lagos que forman parte de esta investigación o que sean especialmente importantes para conservar?
Sí, la mayoría están presentes en otras partes del país, pero también tenemos algunas especies exclusivas de la región. Hay muchos animales que son endémicos como el zorro chilote, pero también investigamos a especies más transversales en Chile como el Pudú, la rana de Darwin o el Alerce.
Aparte de eso, también estamos realizando las muestras microbiológicas tanto en tierra, lagos y el mar. Hacemos una caracterización en todo el país, en distintos ecosistemas, y obviamente la Región de Los Lagos es parte de varios puntos de muestreo.
El mar es muy interesante, porque tomamos muestra en toda la costa de Chile a distintas distancias y profundidades, con la idea de conseguir un perfil de los organismos que habitan en la columna de agua, y entender cómo eso puede ser un indicador para el cambio climático, la contaminación o la presencia de especies invasoras.
¿Cómo influye la introducción de especies no endémicas en el estudio genético de nuestro ecosistema? Por ejemplo, el salmón.
Hay dos cosas. Una es el salmón mismo, que seguramente ha sufrido cambios genéticos en estos pocos años que ha permanecido en este ecosistema, porque el mar chileno tiene distintos patógenos y condiciones, por lo tanto, la especie está cambiando y se podría llegar a decir que, a estas alturas, ya hay variedades genéticas chilenas del salmón.
Lo que pasa con las especies introducidas es que usualmente generan un impacto en las especies locales, considerando la ocupación de su hábitat, el consumo de alimentos y el cultivo masivo de organismos, que genera una degradación de ambientes.
Desde el punto de vista microbiológico, un tema que preocupa mucho son los desechos, alimentos y sobre todo los antibióticos que utiliza la industria del salmón, ya que han generado un crecimiento exacerbado de algunos microorganismos que incluso son patogénicos para los mismos salmones. Hay una perturbación en la comunidad por la forma de cultivo intensiva, más que por el organismo mismo.
La industria está preocupada y nosotros estamos empujando una idea de disminución en la intervención de estos ambientes que ocupan para los cultivos. En estos casos, es difícil ponerse totalmente en contra de la industria maderera o la acuicultura, porque generan recursos económicos y trabajo, pero también estamos buscando un equilibrio, donde la explotación del recurso sea menos perturbadora para el resto de las especies que cohabitan el espacio.
¿Cómo se traduce el estudio del ADN de estas especies en beneficios concretos para la sociedad y/o el medio ambiente?
Probablemente el beneficio más directo es con organismos que tengan un potencial biotecnológico o agrotecnológico. Un buen ejemplo es el maqui, que es una planta chilena y produce unos berries que son ricos en antioxidantes. Yo creo que hay mucho trabajo que hacer con respecto a la explotación de este recurso, donde se podrían favorecer características genéticas que permitan su cultivo masivo, su maduración o incluso el tamaño.
Todos los organismos que se explotan pasaron por ese proceso y creo que muchos otros podrían tener una aplicación muy grande en el mundo tecnológico.
Otro ejemplo bonito y trágico, al mismo tiempo, es que en Rapa Nui había un hongo que fue cosechado por personas de otros países. Tras ser cultivado en sus laboratorios, encontraron que producía un producto biomédico, un fármaco. Luego fue sintetizado a partir de la información genética de ese hongo y en la actualidad es vendido como una droga para el cáncer, se llama “rapamicina”, en referencia al lugar de orígen del hongo.
Todos estos ejemplos demuestran cómo este tipo de información puede y debe ser usada por nosotros mismos. Es un tema de soberanía científica, de utilizar nuestras capacidades locales para investigar lo que tenemos y no dejar que otros se aprovechen de eso.
¿Qué esperas que el público se lleve de esta charla? ¿Qué te gustaría que las personas recordaran al salir?
Creo que lo más importante es recordar que en Chile tenemos una comunidad científica muy capaz, que está haciendo cosas a la par con los colegas del resto del mundo, es fundamental conocerla y apoyarla por todas estas razones que mencioné.
Pero además hay una cosa mucho más básica que a mí me interesa resaltar, y es mostrar cómo la ciencia puede ser utilizada en el día a día por las personas. Por ejemplo, cuando uno tiene una duda o algún misterio por resolver, la mejor forma de aproximarse es con método científico, buscando evidencia y buenas fuentes. Es una forma mucho más práctica y racional de llegar a las verdades. Lo digo porque hay una crisis de credibilidad en las ciencias y un auge de la posverdad y las fake news.
Por eso nuestra aproximación a la educación es con los más jóvenes, a los colegios y escuelas, introduciendo la enseñanza en base a la indagación.
¿Por qué crees que es importante llevar a cabo este tipo de espacios de encuentro? ¿Por qué en el CAMM?
Porque si alguien decide ir a la charla de un científico, significa que está curioso, tiene inquietudes. Ese acercamiento con personas que no son de nuestro mundo para mí es muy importante, es relevante tomar lo que hago y presentarlo a las personas que pagan sus impuestos y, por tanto, financian nuestro trabajo. Demostrarles que es algo que sí vale la pena hacer.
Además, creo que es importante entusiasmar a todo el mundo con este tipo de investigaciones, para que a ellos mismos les den ganas de realizar este tipo de cosas, que vean que vale la pena, que hay un desarrollo tecnológico, intelectual y educacional. El país necesita esto y necesita hacerlo en su propia tierra.
Plan de Gestión financiado por el Programa de Apoyo a Organizaciones Culturales Colaboradoras, Convocatoria 2026, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.